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Cómo financiar una promoción residencial en 2026 (sin depender solo del banco)

Marcel Rosell (One Investment) analiza por qué la financiación de promociones BTS exige hoy una estructura de capital más sofisticada.

Tribuna
Cómo financiar una promoción residencial en 2026 (sin depender solo del banco)
Cómo financiar una promoción residencial en 2026 (sin depender solo del banco) 4
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El mercado residencial en España sigue funcionando. La demanda está ahí. Pero la financiación de promociones Build to Sell (BTS) ya no responde a las reglas de hace unos años.

Hoy el problema no es si un proyecto es bueno. El problema es si está bien estructurado financieramente.

En un entorno de tipos más altos, banca más selectiva y márgenes más ajustados, la deuda ha pasado de ser un trámite a convertirse en un elemento estratégico. Y eso cambia completamente el enfoque.

La pregunta clave ya no es si un banco financia una promoción. Es otra mucho más relevante: qué estructura de capital permite ejecutar ese proyecto en las mejores condiciones posibles.

La financiación ya no funciona como antes

Durante años, el esquema era claro. Banca financiando en torno al 60–65% del coste, preventas como requisito imprescindible y procesos relativamente estandarizados.

Ese modelo sigue existiendo, pero cada vez con más fricción.

Hoy la banca exige más preventas, en muchos casos por encima del 50%. Prioriza promotores con experiencia demostrable y penaliza operaciones con márgenes ajustados o sensibilidad elevada a costes. Además, el análisis es más conservador y los tiempos de decisión, más largos.

El resultado es evidente: muchas operaciones que antes salían, hoy se quedan a medio camino.

El actor que ha cambiado el mercado

Mientras la banca endurece condiciones, los fondos de deuda han pasado de ser una alternativa puntual a convertirse en una pieza estructural del mercado. No compiten directamente con la banca. La complementan. Y en muchos casos, hacen posibles operaciones que de otro modo no se ejecutarían.

Esto ha cambiado el tablero. Ya no se trata de conseguir financiación, sino de saber qué tipo de capital encaja en cada fase del proyecto.

El error más común: depender de una sola vía

Muchos promotores siguen planteando la financiación como un proceso lineal: hablar con bancos y esperar respuesta. El problema es que ese enfoque, en el contexto actual, suele llevar a dos escenarios. O no hay financiación suficiente, o la que hay no es óptima.

Hoy el mercado funciona en capas.

La banca sigue ofreciendo el coste más competitivo, pero con rigidez y fuerte dependencia de preventas. Los fondos de deuda aportan flexibilidad, permiten arrancar antes y asumir más riesgo. Y las soluciones híbridas, como el mezzanine, permiten optimizar el apalancamiento, aunque a un coste mayor.

La diferencia no está en elegir una u otra opción. Está en cómo se combinan.

Cuando el proyecto es bueno… pero no encaja

Uno de los casos más habituales en 2026 es el del proyecto que funciona sobre el papel, pero no cumple los requisitos de la banca.

Buen producto, buena ubicación, demanda clara… pero sin suficientes preventas. En ese punto, la financiación tradicional no llega o llega de forma insuficiente. Aquí es donde entra la estructuración.

Una solución habitual pasa por cerrar un whole loan con un fondo de deuda en niveles del 70–75% del coste, lo que permite iniciar la obra. No es financiación más cara. Es financiación que permite que el proyecto exista.

Lo que realmente están mirando los financiadores

Más allá del activo, hay factores que hoy pesan más que nunca.

El track record del promotor es clave, pero no solo en volumen, sino en capacidad de ejecución. El equity comprometido también marca la diferencia, igual que la calidad de la ubicación o la liquidez del producto.

A esto se suma un elemento crítico: la credibilidad del plan de negocio.

Porque en el mercado actual, no basta con tener un buen activo. Hay que demostrar que el proyecto se puede ejecutar en plazo, en coste y con ventas reales.

El problema no es el mercado, es el enfoque

Muchos promotores siguen cometiendo los mismos errores.

Arrancan la búsqueda de financiación demasiado tarde, cuando ya tienen poco margen de maniobra. Se limitan a la banca sin explorar alternativas. Plantean estructuras rígidas o poco adaptadas al tipo de capital disponible. O simplemente infraestiman el nivel de equity necesario.

El resultado es el mismo: operaciones que se frenan o que se cierran en condiciones subóptimas. En el entorno actual, la financiación no se busca. Se diseña.

De conseguir deuda a estructurar capital

Aquí es donde cambia el rol del debt advisor. Ya no se trata de abrir puertas. Se trata de estructurar la operación de forma que tenga sentido para distintos perfiles de capital, generar competencia entre financiadores y anticipar problemas antes de que aparezcan.

En muchos casos, la diferencia entre que una operación salga adelante o no, no está en el activo. Está en cómo se ha planteado la financiación.

El mercado residencial sigue ofreciendo oportunidades. Pero ejecutar promociones hoy exige un nivel de sofisticación financiera mucho mayor. Los promotores que entienden este cambio acceden a más capital, ejecutan antes y protegen mejor su rentabilidad. Los que no, dependen de una única vía y asumen más riesgo del necesario.

«En un mercado donde cada operación es distinta, la financiación ha dejado de ser un proceso estándar. Y eso, bien entendido, es una oportunidad».

Artículo de opinión escrito por Marcel Rosell, managing partner de One Investment

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