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El living ante un reto global: inversión, acceso y nuevos modelos

Eloy Bohúa (Planner Exhibitions) explica por qué pasar del diagnóstico a la ejecución es el verdadero reto pendiente del sector residencial.

Tribuna
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La vivienda se ha convertido en uno de los grandes retos económicos y sociales de nuestro tiempo. Lo vemos en España, pero también en muchas de las principales ciudades del mundo: la demanda residencial sigue creciendo, la accesibilidad se tensiona y la capacidad de generar nueva oferta no siempre avanza al ritmo que exige la realidad.

No estamos, por tanto, ante una dificultad coyuntural ni ante un problema limitado a determinados mercados. Hablamos de un desafío global, complejo y profundamente conectado con la competitividad de las ciudades, la atracción de talento, la movilidad social y la calidad de vida de las personas.

En los últimos años, el sector residencial ha ganado un peso creciente dentro de la inversión inmobiliaria internacional. El living se ha consolidado como una de las clases de activo más atractivas, apoyada en una demanda estructural sólida y en cambios demográficos, sociales y laborales que están transformando la manera en que vivimos.

Sin embargo, el debate no puede quedarse únicamente en la capacidad de atraer capital. La verdadera cuestión es cómo conseguimos que esa inversión se traduzca en proyectos viables, en nueva oferta residencial y, en definitiva, en vivienda real.

Ese es hoy uno de los grandes retos del sector. Existe demanda, existe interés inversor y existe una necesidad evidente de ampliar la oferta, pero entre esos tres elementos sigue habiendo demasiadas barreras. La escasez de suelo finalista, el incremento de los costes de construcción, la complejidad regulatoria y los largos plazos de desarrollo dificultan que muchas operaciones puedan materializarse con la agilidad que el mercado necesita.

Por eso, creo que el momento actual exige pasar del diagnóstico a la ejecución. Durante años hemos identificado con claridad los principales problemas. Ahora necesitamos avanzar en soluciones que permitan desbloquear proyectos, facilitar la colaboración público-privada, y generar marcos estables que den confianza a largo plazo.

«La vivienda no se resolverá únicamente desde lo público, ni únicamente desde lo privado. Requiere una visión compartida, planificación, seguridad jurídica y una mayor conexión entre todos los actores que intervienen en la cadena de valor».

La vivienda no se resolverá únicamente desde lo público, ni únicamente desde lo privado. Requiere una visión compartida. Requiere planificación, seguridad jurídica, agilidad administrativa, capacidad inversora y una mayor conexión entre todos los actores que intervienen en la cadena de valor: administraciones, promotores, inversores, operadores, entidades financieras, empresas tecnológicas y usuarios.

A esta complejidad se suma, además, una realidad: el mercado residencial es cada vez más diverso. Las necesidades de quienes buscan una vivienda han cambiado. Hay más movilidad profesional, nuevos modelos familiares, hogares más pequeños, mayor envejecimiento de la población y una relación más flexible con el uso de los espacios.

En este contexto, formatos como el flex living, el coliving, el senior living, las branded residences o el build to rent no deben entenderse como alternativas excluyentes a la vivienda tradicional, sino como respuestas complementarias. Su valor está precisamente en ampliar el abanico de soluciones y en permitir que el sector se adapte mejor a una demanda más fragmentada y cambiante.

También la innovación tecnológica tiene un papel que jugar. La inteligencia artificial, la analítica avanzada y la automatización ya están ayudando a mejorar la toma de decisiones, la comercialización, la gestión de activos y la relación con los usuarios. Pero la tecnología solo tendrá verdadero impacto si contribuye a hacer más eficiente el proceso inmobiliario y a reducir la distancia entre la idea, la inversión y la ejecución.

Todo ello refuerza la necesidad de espacios donde el sector pueda encontrarse, compartir conocimiento y conectar oportunidades. En este sentido, este salón inmobiliario, que se celebrará del 20 al 23 de mayo en Madrid, llega en un momento especialmente relevante para el residencial. Más allá de su papel como escaparate de producto, debe ser un punto de conexión entre oferta, demanda, inversión, innovación y conocimiento.

La presencia de más de 17.000 viviendas en comercialización, una oferta internacional creciente y delegaciones de 40 países refleja hasta qué punto el reto residencial ha dejado de ser una cuestión estrictamente local. Las dificultades son compartidas por muchos mercados, y también lo son algunas de las posibles respuestas: colaboración público-privada, nuevos modelos de inversión, formatos residenciales más flexibles e innovación aplicada.

Esa mirada internacional me parece especialmente importante. No se trata solo de atraer inversión exterior, sino de aprender de otros mercados, comparar experiencias y entender qué soluciones pueden adaptarse mejor a cada contexto. En un mundo en el que las ciudades compiten por talento, actividad económica y calidad de vida, la vivienda se ha convertido en una infraestructura esencial.

El sector residencial tiene por delante una enorme responsabilidad, pero también una oportunidad evidente. La demanda existe. El capital está disponible. La innovación ofrece herramientas cada vez más sofisticadas. Lo que necesitamos ahora es alinear todos esos elementos con una mayor capacidad real de ejecución.

El futuro del living no dependerá únicamente de construir más, sino de construir mejor, con mayor agilidad y con una visión más amplia de las necesidades sociales. Convertir inversión en vivienda real será, en mi opinión, la verdadera prueba del sector en los próximos años.


Artículo de opinión escrito por Eloy Bohúa, CEO de Planner Exhibitions, empresa organizadora de SIMA

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