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Seguridad jurídica para los apartamentos turísticos

Ignacio Lerdo de Tejada (Genteel Home) opina sobre la complejidad de la normativa que se aplica en el ámbito de los apartamentos jurídicos.

Tribuna
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Entre inversores, propietarios y promotores es habitual preguntarse por la seguridad jurídica antes de adquirir un inmueble, transformar un edificio, impulsar un proyecto o confiar la gestión de un activo a un operador especializado. En muchos casos, esta es una de sus principales preocupaciones, porque el debate público tiende a simplificar una realidad más compleja.

Se habla de apartamentos turísticos, viviendas de uso turístico, alquiler vacacional, edificios turísticos o alojamientos extrahoteleros como si todo perteneciera a una misma categoría. Sin embargo, no todos los modelos son iguales ni tienen las mismas necesidades. Meterlo todo en el mismo saco conduce a diagnósticos incompletos y a regulaciones que no distinguen entre realidades distintas.

La figura del apartamento turístico (AT), en concreto, tampoco es uniforme. Aunque en el lenguaje común suele asociarse a edificios destinados al alojamiento de viajeros, su configuración jurídica depende de cada comunidad autónoma. No se regula de la misma forma en Madrid, Sevilla, Cáceres, Gijón o Estepona. Cada territorio ha desarrollado sus propios requisitos y procedimientos para ordenar la actividad turística.

Pero la complejidad no termina en la normativa autonómica. En la práctica, son los municipios quienes acaban definiendo la viabilidad real de un proyecto. Los usos permitidos, la compatibilidad con el planeamiento, las licencias, las limitaciones por zonas, la protección patrimonial, las condiciones técnicas del inmueble o las restricciones en determinados barrios pueden alterar la situación de un activo.

Por eso, cuando se pregunta si los apartamentos turísticos están limitados, si lo estarán en el futuro o si existe riesgo regulatorio para un proyecto concreto, la respuesta más honesta es: depende del lugar. Cada ciudad tiene una realidad propia, y esa realidad condiciona necesariamente su regulación. Hay municipios con fuerte demanda turística, otros con necesidad de rehabilitar edificios infrautilizados, otros donde la prioridad política es contener nuevas implantaciones y otros donde una oferta profesional puede dinamizar zonas urbanas.

Pretender aplicar una conclusión general para todo el país es un error frecuente. El debate suele plantearse en términos absolutos; prohibición o libertad, problema o solución, riesgo u oportunidad… Cuando lo razonable sería analizar cada proyecto en su contexto territorial, urbano, normativo y económico. La ubicación, el planeamiento municipal, la compatibilidad urbanística, las condiciones de licencia, la accesibilidad, la situación registral, el estado del edificio y los requisitos técnicos importan. Todo ello debe estudiarse antes, no después.

En un sector cada vez más profesionalizado, la seguridad jurídica no puede ser un trámite más dentro del proceso, debe ser el punto de partida. Un buen proyecto no nace sólo de una buena ubicación o de una rentabilidad esperada, sino de una lectura rigurosa del marco normativo y urbanístico. Se trata de saber qué se puede hacer, cómo se puede hacer y con qué garantías. Esta aproximación es especialmente importante en el alojamiento turístico de lujo, donde clientes, propietarios e inversores esperan calidad, servicio, eficiencia y confianza.

El futuro del apartamento turístico no será igual en todas partes, porque tampoco lo es su presente. Habrá ciudades que endurezcan sus condiciones, municipios que diferencien entre modelos, destinos que apuesten por rehabilitar edificios completos para uso turístico regulado y lugares donde la actividad seguirá siendo viable si se plantea con rigor.

Ahora bien, hay un principio que debería ser común: la licencia obtenida conforme a derecho debe ser respetada. El debate seguirá abierto, como cualquier actividad que interactúa con la ciudad, el turismo, la vivienda y la inversión inmobiliaria. Pero debe elevarse.

«Sin seguridad jurídica no hay inversión responsable; sin inversión responsable no hay profesionalización; y sin profesionalización, el sector pierde calidad, control y capacidad de aportar valor a los destinos».

Artículo de opinión escrito por Ignacio Lerdo de Tejada, CEO de Genteel Home

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