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Cerezo y Gil Marín adquieren el edificio Anaya, en Madrid, para impulsar un proyecto de flex living

Los dos empresarios vinculados al Atlético de Madrid apuestan por los alojamientos de alquiler temporal con la compra de un inmueble histórico.

Redacción Brainsre
Cerezo y Gil Marín adquieren el edificio Anaya, en Madrid, para impulsar un proyecto de flex living
Cerezo y Gil Marín adquieren el edificio Anaya, en Madrid, para impulsar un proyecto de flex living 6

Enrique Cerezo y Miguel Ángel Gil Marín han dado un nuevo paso en su trayectoria empresarial con su entrada en el mercado inmobiliario a través de la adquisición del edificio Anaya, uno de los inmuebles más reconocibles de Madrid. Los dos directivos del Atlético de Madrid han comprado esta propiedad con la intención de impulsar un proyecto de flex living, un modelo de alojamiento temporal que está ganando protagonismo en el sector, según publica El Confidencial.

La operación se produjo en junio, apenas tres meses después de que el fondo estadounidense Apollo completara la adquisición del club rojiblanco. Con esta inversión conjunta, Cerezo, presidente del Atlético, y Gil Marín, consejero delegado de la entidad, amplían sus actividades empresariales más allá del ámbito deportivo.

Un edificio histórico en una zona en plena transformación

El edificio Anaya se encuentra en el número 15 de la calle Juan Ignacio Luca de Tena, junto a la autovía que conecta Madrid con Barcelona. Su ubicación lo sitúa en un entorno que ha experimentado importantes cambios durante los últimos años, especialmente tras la llegada de nuevas sedes empresariales y centros educativos y sanitarios. A escasa distancia se encuentran la sede de Santander España, ubicada en el número 11 de la misma calle, y las instalaciones de la Clínica Universidad de Navarra y su campus de posgrado. La presencia de estas instituciones ha contribuido a transformar el entorno y a reforzar su actividad, en una zona donde conviven oficinas, servicios y nuevas oportunidades de desarrollo inmobiliario.

La adquisición del inmueble se enmarca en este proceso de cambio, que está modificando el uso y la imagen de esta parte de la capital. El edificio, además, cuenta con protección estructural de nivel 2, una circunstancia que deberá tenerse en cuenta en cualquier intervención sobre su estructura.

Cerezo y Gil Marín adquieren el edificio Anaya, en Madrid, para impulsar un proyecto de flex living

La historia de la construcción se remonta a comienzos de la década de 1970, cuando fue levantada para albergar los laboratorios y el centro de investigación de Standard Eléctrica. El proyecto recibió el premio anual de arquitectura del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) en 1972, un reconocimiento que contribuyó a destacar su valor arquitectónico. En su configuración original, el inmueble tenía forma de U y contaba con dos plantas en el ala sur y tres en la norte, con un patio abierto en el centro. Años después, el conjunto se amplió con una planta adicional en la zona sur, una torre interior de once alturas y dos niveles vinculados a la fachada este, lo que dio lugar a la estructura que presenta actualmente.

Del uso de oficinas al alquiler de corta y media duración

El edificio fue la sede del Grupo Anaya durante aproximadamente tres décadas, hasta que la editorial trasladó sus instalaciones al distrito de San Blas-Canillejas hace cuatro años. Tras esa salida, la sociedad Tómbano Capital, propietaria del inmueble, inició la tramitación de un plan especial que contemplaba aumentar la edificabilidad un 10 % y permitir la construcción de nuevos edificios.

Ahora, los planes iniciales de Cerezo y Gil Marín apuntan a convertir la propiedad en un espacio de flex living. Esta modalidad consiste en ofrecer apartamentos amueblados o preparados para estancias temporales, generalmente en edificios que antes se destinaban a oficinas o a otros usos, como el hotelero. La principal diferencia respecto al alquiler residencial convencional está en la duración de las estancias y en el tipo de licencia con el que funcionan estos alojamientos. Mientras que los contratos de vivienda habitual se rigen por la Ley de Arrendamientos Urbanos y pueden tener una duración de varios años, los establecimientos de flex living operan con licencia de apartahotel y ofrecen periodos más reducidos.

En este modelo, la mayor parte de las unidades suele reservarse para estancias medias, de entre seis meses y un año, mientras que una proporción menor se destina a visitas más breves, que pueden durar menos de un mes o incluso una semana. Esta flexibilidad permite atender a distintos perfiles de usuarios que necesitan alojamiento durante un periodo limitado.

El interés inversor por este tipo de proyectos está relacionado con dos tendencias del mercado: la dificultad para acceder a una vivienda y la disponibilidad de edificios de oficinas susceptibles de cambiar de uso. Cerezo y Gil Marín se suman así a una actividad inmobiliaria que ofrece nuevas posibilidades de aprovechamiento de inmuebles existentes.

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