
Begoña Villacís, directora ejecutiva de la Asociación Española de Data Centers (Spain DC), analiza qué momento atraviesa España en este mercado concreto, cuál es el potencial real del país y cómo está evolucionando el segmento a nivel inversión, distribución geográfica y retos a futuro.
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Pocos ámbitos escapan hoy en día de lo digital. Internet es una piedra angular que se ha convertido en un ‘must’ para el trabajo, la socialización, el estudio, la compra e incluso el ocio. Una conexión que, por «invisible» que parezca, precisa de una inmensa infraestructura física. Es la razón de ser de los data centers, un segmento inmobiliario cada vez más presente en el apetito inversor, especialmente desde la irrupción de la IA.
«Debemos entender que internet es físico; que cada Bizum, cada historia clínica digital, cada operación bancaria, cada serie que disfrutamos desde el sofá en nuestra plataforma de streaming, cada historia que subimos a redes o cada desarrollo de inteligencia artificial dependen de una infraestructura física que tiene un código postal. Una dirección que es la de un centro de datos», explica Villacís.
«Estamos en un momento decisivo». Según la directiva, «llevamos años escuchando que España ‘puede ser’ el hub digital del sur de Europa»; pero «ahora esa posibilidad empieza a traducirse en inversión, proyectos y capacidad real«. El Informe anual de Spain DC estima una inversión directa e indirecta acumulada de 66.900 millones de euros hasta 2030. Para hacerlo realidad, la previsión es pasar de los 439 MW de potencia IT instalada actuales a 2.537 MW en 2030.
La gran cuestión ya no es si existe interés, sino «si España quiere limitarse a consumir servicios digitales o si quiere también alojarlos, procesarlos y capturar aquí una parte del valor. Esa es la oportunidad real«, subraya Villacís.
En esta entrevista con Brains Real Estate News, la directiva analiza los puntos fuertes y los grandes retos del mercado data centers español, cuáles son las perspectivas de inversión, qué papel juega la IA en el desarrollo de esta clase de activos y hasta qué punto seguir apostando por este segmento es clave para alcanzar la «soberanía digital».
¿Cuál es el potencial español en el mercado de data centers?
Aunque la ventaja española en el segmento de los data centers es real, no se convierte por sí sola en liderazgo. Villacís insiste en que «hay que saber aprovecharla». La «combinación única» de conectividad internacional, posición geográfica estratégica, capacidad renovable y margen para crecer convierte a España en una opción muy atractiva y competitiva frente a otros países del entorno.
Sin embargo, para liderar el mercado a nivel europeo, necesitamos «claridad, anticipación y capacidad», ya que «la inversión irá donde encuentre un marco previsible, plazos razonables y seguridad para desplegarse«, recuerda la directiva. Otro factor de contexto a su juicio es que «los grandes mercados tradicionales europeos están más tensionados en suelo, energía y permisos«, lo que abre espacio para nuevos polos de crecimiento en España.
¿A qué grandes retos se enfrenta el mercado de data centers español?
Villacís lo tiene claro: «ejecutar bien una oportunidad que ya existe» es el mayor reto del mercado. España tiene demanda, inversión, conectividad, capacidad renovable y una posición geográfica privilegiada, pero nada de eso basta si no se traduce en proyectos reales.
A esto, se suma un reto claramente industrial. La IA está elevando la complejidad técnica de los centros de datos, que necesitan más potencia, más densidad, una refrigeración avanzada y perfiles especializados. Si España quiere consolidarse como hub digital, atraer operadores es fundamental, pero no suficiente. «Tiene que crecer toda la cadena de valor que hace posible esta infraestructura».
Por eso, «no hablamos sólo de un sector tecnológico». El desarrollo de la industria de los centros de datos es una oportunidad de ingeniería, construcción, energía, climatización, operación, formación y empleo cualificado. «¿No sería grandioso aprovechar nuestras ventajas y ser los líderes de una revolución industrial?», plantea Villacís.
¿Cómo se distribuyen los data centers por la geografía española?
Para fortalecer el sector en España, diversificar es la clave. Villacís explica que distribuir los data centers por toda la geografía española «reduce posibles cuellos de botella, mejora la resiliencia y permite que la infraestructura digital se despliegue allí donde tenga sentido». En una economía tan distribuida como la digital, recuerda que «tener varios polos fuertes es una ventaja competitiva, no un problema».
| Comunidad | Ventaja principal | Perfil de demanda | Tipología de proyectos | Posición |
|---|---|---|---|---|
| Madrid | Ecosistema digital consolidado, interconexión y cloud | Corporativa, operadores internacionales | Todo tipo de activos | Gran polo consolidado |
| Barcelona | Conectividad mediterránea y ecosistema tecnológico | Digital e internacional | Colocation y edge | Polo secundario maduro |
| Aragón | Disponibilidad de suelo y renovables | Inversión institucional de gran escala | Campus y hyperscale | Emergente en ascenso |
| C. Valenciana | Ubicación estratégica y proyección logística | Distribuida y multiusuario | Modelo distribuido | Emergente con potencial |
Fuente: Spain DC · Elaboración propia
«Por suerte, el crecimiento en España es policéntrico». Madrid tiene un peso muy relevante, porque concentra demanda empresarial, interconexión, cloud, operadores y un ecosistema digital muy consolidado. «Ha sido y es el gran polo del sector en España, pero el mercado también evoluciona hacia una distribución geográfica más amplia en la que cada territorio está encontrando su propia propuesta de valor».
Los datos de Spain DC reflejan una evolución sectorial hacia un mapa multirregional. Barcelona mantiene un papel importante por su conectividad mediterránea y su demanda metropolitana; y destaca por su ecosistema tecnológico y su capacidad para atraer demanda vinculada a entornos digitales e internacionales.
Aragón gana peso en desarrollos de mayor escala, ya que está posicionado de forma excelente para desarrollos de gran escala, especialmente por disponibilidad de suelo, capacidad para proyectos tipo campus y un entorno adecuado para crecimientos ordenados.
Además, otros territorios empiezan a aparecer con condiciones atractivas para proyectos tipo campus, siempre que combinen suelo, energía, conectividad y viabilidad real. En este punto, destaca la Comunitat Valenciana, que combina ubicación estratégica, conectividad, proyección logística y margen para crecer dentro de un modelo más distribuido.
El suelo es cada vez más importante porque los nuevos centros de datos necesitan escala, posibilidad de crecer por fases y condiciones adecuadas para proyectos de largo recorrido. Lo importante es que cada proyecto se ubique donde tenga sentido: red, suelo, conectividad, disponibilidad de recursos y viabilidad ambiental. No se trata de repartir centros de datos por repartirlos, sino de desplegarlos donde puedan funcionar bien y aportar más valor.
Lo primero que conviene subrayar es que 66.900 millones de euros no son una promesa automática, sino una oportunidad siempre y cuando España siga siendo capaz de transformar el interés inversor en infraestructura real. La demanda existe, está en juego si somos capaces de acompañarla.
¿Qué puede frenar ese escenario? Cuatro cosas muy concretas: falta de acceso a red, retrasos en permisos, inseguridad regulatoria y escasez de talento técnico. Cuando una inversión no sabe cuándo podrá conectarse, qué criterios se le van a aplicar o cuánto tardará una autorización, no desaparece necesariamente, pero sí puede ralentizarse o irse a otro mercado.
España no necesita inventarse una oportunidad porque ya la tiene delante. Lo que necesita es no perderla por falta de ambición, coordinación y previsibilidad.
Conviene recordar (y también desmitificar algunas ideas con poca base) que los centros de datos representan hoy alrededor del 0,8% del consumo eléctrico nacional. Además, el 95% de la electricidad que consumen los operadores de colocation e hyperscale en España procede de fuentes bajas en carbono, en su mayoría renovables.
Por tanto, no estamos hablando de un sector que desborde nada por sí mismo, sino de una infraestructura esencial para la economía digital que, además, está avanzando (y autoexigiéndose) por la vía de la eficiencia y la descarbonización.
España no tiene un problema de generación —de hecho, una de nuestras principales ventajas competitivas es nuestro liderazgo en renovables. El problema está en cómo se distribuye y transporta. Somos líderes europeos en contratos PPAs, lo que demuestra que existe una base real para acompasar nueva demanda digital con nueva generación renovable, según PwC.
La respuesta, por tanto, es sí: España puede absorber esta demanda siempre que la infraestructura eléctrica avance acompasada con la infraestructura digital.
Lo que defendemos es bastante razonable: que un recurso estratégico y escaso como la capacidad eléctrica se asigne con criterios claros, verificables y homogéneos para que proyectos maduros, solventes y ejecutables no queden bloqueados por otros que, quizá, no avanzan al mismo ritmo. España necesita ordenar la conexión; tanto el Gobierno como los operadores del sistema lo reconocen y están de acuerdo en introducir más racionalidad y transparencia.
Pero también es verdad que este proceso debe hacerse con una enorme seguridad jurídica, porque si el mercado percibe incertidumbre, el resultado puede ser el contrario al buscado. En inversiones de esta escala, la confianza lo es casi todo.
Nuestra propuesta es ordenar mejor y evitar bloqueos mediante reglas estables y predecibles. Para esto es necesario que Administración y sector colaboren de forma activa para identificar proyectos y los nodos estratégicos donde se va a concentrar la demanda. Ese es el camino para transformar un cuello de botella en una ventaja competitiva.
La inteligencia artificial ha cambiado por completo la escala y la exigencia del sector. Ya no hablamos solo de almacenamiento o procesamiento convencional, sino de cargas de trabajo mucho más intensivas, con más densidad por rack, mayores necesidades energéticas, refrigeración avanzada y una conectividad extremadamente robusta. Por eso decimos que la IA no es solo software, también es infraestructura física.
España puede atraer grandes instalaciones vinculadas a cloud e IA, pero también mucha capacidad próxima a los grandes núcleos de demanda. Y eso es importante, porque la IA no solo va a vivir en unos pocos campus gigantes, sino que va a necesitar estar cerca de empresas, administraciones y usuarios. «Sería grandioso no sólo ser consumidores de IA, sino ser el lugar donde se entrena y sirve», apunta la directiva.
El mercado de centros de datos es global y España no es una excepción. Aquí operan e invierten compañías europeas, estadounidenses y de otros orígenes igual que sucede en los grandes hubs del continente.
Cuando hablamos de soberanía digital, conviene no simplificar el debate al origen del capital. Claro que Europa no debe ni puede renunciar a desarrollar su sector tecnológico doméstico, pero la cuestión también es dónde está esa infraestructura, bajo qué normas opera y qué capacidad tiene Europa para sostener servicios críticos con medios propios.
En ese sentido, el informe Draghi acierta al poner el foco en la necesidad de reforzar las capacidades tecnológicas e infraestructurales europeas. Sin infraestructura física en Europa, la autonomía digital es sólo un eslogan; con infraestructura desplegada aquí, empieza a ser una realidad. La clave está en que la inversión deje capacidad instalada en nuestro territorio, opere bajo normativa europea y refuerce el ecosistema digital, industrial y tecnológico de España y de Europa.
El reconocimiento como infraestructura estratégica responde a una lógica de utilidad. Los centros de datos sostienen servicios esenciales para ciudadanos, empresas y administraciones: banca, sanidad digital, administración electrónica, ciberseguridad, inteligencia artificial, comercio o comunicaciones. Cada vez que hacemos un bizum, que un banco ingresa miles de nóminas, que pedimos una cita médica online, pagamos con tarjeta o trabajamos en la nube, hay un centro de datos detrás.
No estamos pidiendo privilegios ni ventajas automáticas, sino algo mucho más sensato: procedimientos más coordinados, criterios homogéneos entre administraciones y una planificación más alineada con la función real de esta infraestructura. La clave está en que el marco sea exigente, sí, pero también claro.
El sector de los centros de datos representa el 0,8% del consumo eléctrico total en España. La demanda va a crecer, pero es una demanda estable, planificable y muy vinculada a energía de bajas emisiones, como lo demuestra ese 95% de la electricidad consumida procedente de fuentes bajas en carbono.
Somos uno de los sectores más autoexigentes con nuestros indicadores de eficiencia. El PUE medio de los centros de colocation en España se sitúa en torno a 1,36, alineado con Europa, y los nuevos desarrollos apuntan a niveles inferiores. En agua, el WUE medio es de 0,21 L/kWh, por debajo de la media europea de 0,31 L/kWh.
Es una falsa dicotomía pensar que crecimiento y compromisos climáticos son incompatibles. La alternativa no es el decrecimiento, sino un crecimiento ordenado, eficiente y acompasado con la transición energética. «España tiene la oportunidad de demostrar que se puede desplegar infraestructura digital con un estándar ambiental alto. Y esa es una oportunidad país, no solo sectorial».
Sinceramente, no creo que ese vaya a ser el escenario. Creo que en España hay una conciencia cada vez más clara de la oportunidad que tenemos delante y de lo que nos estamos jugando como país. Sería un error imperdonable mirar atrás dentro de cinco años y pensar que teníamos los ingredientes para ser un gran hub digital europeo y no lo hicimos. Estoy convencida de que vamos a seguir una senda realista, ambiciosa y, sobre todo, ejecutable.
La demanda va a seguir ahí. La digitalización, el cloud y la inteligencia artificial no van a ir a menos y España tiene activos muy sólidos para competir: conectividad, renovables, posición geográfica y margen de crecimiento. La clave está en acompañar esa oportunidad con red, permisos, talento y seguridad jurídica.
Así que prefiero plantearlo al revés: no se trata de preguntarnos por qué fracasaríamos, sino de asegurarnos de que no dejamos escapar una oportunidad histórica. Y si quieres, repetimos esta entrevista dentro de cinco años y lo comprobamos.
La visión de Villacís dibuja un sector en punto de inflexión: la infraestructura digital ha dejado de ser un activo secundario para convertirse en palanca estratégica de primer orden, y España tiene sobre la mesa una oportunidad que pocas naciones del sur de Europa pueden igualar. La coyuntura favorable existe, la pregunta es si el país estará a la altura de lo que el mercado necesita. La burocracia y la infraestructura eléctrica dictarán si logramos o no este liderazgo hacia la ansiada «soberanía digital».
Nota metodológica · Fuentes
— Datos del sector data centers en España: Informe anual de Spain DC (Asociación Española de Data Centers).
— Contratos PPA y liderazgo en renovables: II Foro de Industria del Periódico de la Energía, PwC, 26 de noviembre de 2025.
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