
No es lo mismo comprar una vivienda en solitario que hacerlo en pareja. De media, una pareja necesita destinar la totalidad de su salario conjunto durante algo más de cuatro años para afrontar el pago de una vivienda media, mientras que quienes compran en solitario deben dedicar entre ocho y nueve años de sueldo íntegro para lograrlo. Son datos del último análisis por la Unión de Créditos Inmobiliarios (UCI), elaborado en el marco de San Valentín, una fecha que pone de manifiesto la «tasa single» o cómo el acceso a la vivienda penaliza a quienes afrontan la compra en solitario.
Las cifras también varían según el género. Según el informe, los hombres solteros necesitan destinar de media 7,85 años de su salario bruto anual para adquirir una vivienda tipo de 90 metros cuadrados en España. En el caso de las mujeres solteras, el esfuerzo es sensiblemente mayor: 9,32 años de sueldo, lo que evidencia que la brecha salarial se traslada de forma directa al acceso a la vivienda en propiedad.
En contraste, las parejas reducen notablemente el esfuerzo necesario para comprar vivienda. De media, necesitan destinar 4,26 años de su salario conjunto para hacer frente al coste total de una vivienda, prácticamente la mitad del tiempo requerido por una persona soltera.
«El acceso a la vivienda se está convirtiendo en un reto para muchos ciudadanos y, en especial, para quienes compran solos. No se trata únicamente del precio, sino de la capacidad real de ahorro y de la estabilidad de los ingresos», explica Lorena Zenklussen, la nueva directora de Financiación Hipotecaria de UCI.
El 74% de los españoles compran en pareja
Según UCI, el mercado residencial se caracteriza por el predominio de la compra en pareja. En concreto, el 74% de los compradores adquiere su vivienda con otra persona, frente a un 19,5% que lo hace en solitario.
Dentro de este grupo, las parejas con hijos concentran el 49% de las compraventas, seguidas de las parejas sin hijos (26%). Por su parte, las familias monoparentales representan en torno al 5% del total de operaciones, lo que refleja la distinta capacidad de acceso a la vivienda en función de la estructura del hogar y del nivel de ingresos.
Este reparto pone de manifiesto la relevancia de los ingresos conjuntos a la hora de acceder a la vivienda en propiedad, especialmente en un contexto de precios elevados. En este sentido, en los últimos años se han puesto en marcha instrumentos de apoyo al acceso a la vivienda, como los programas de avales públicos, orientados a facilitar la entrada en el mercado a determinados colectivos y a reducir el esfuerzo financiero inicial.
Según Lorena Zenklussen: «Estos mecanismos contribuyen a ampliar el acceso al crédito manteniendo los criterios de solvencia y estabilidad del sistema, al tiempo que responden a los cambios demográficos y sociales del mercado residencial».

Hasta tres años de diferencia según la comunidad autónoma
Lo mismo ocurre a nivel geográfico. A la hora de adquirir una vivienda, el esfuerzo salarial varía significativamente según el territorio. El País Vasco es la comunidad donde menos años de salario bruto se requieren para pagar una vivienda media, situada en torno a 2.650 euros por metro cuadrado según Idealista, con 7,12 años de sueldo íntegro. Le siguen la Comunidad de Madrid (7,40 años) y Navarra (7,64 años).
En el extremo opuesto, Extremadura es la comunidad donde mayor esfuerzo salarial se necesita, con 10,07 años de sueldo bruto para adquirir una vivienda promedio. Canarias (9,92 años) y Castilla-La Mancha (9,58 años) completan el grupo de territorios con mayores dificultades de acceso, lo que refleja una brecha de hasta tres años de salario entre comunidades.

¿A qué edad compran vivienda las parejas?
Un análisis similar han elaborado desde Trioteca, al examinar las hipotecas firmadas por parejas a lo largo de 2025. El estudio revela que, en un contexto de acceso cada vez más complejo a la vivienda, las parejas retrasan la compra hasta alcanzar una estabilidad financiera sólida, convirtiendo la firma ante notario en el verdadero «sí, quiero».
Las parejas que firman una hipoteca en España presentan un perfil cada vez más consolidado. La edad media en nuevas hipotecas se sitúa en 41 años en matrimonios, 39 en parejas de hecho y 35 en parejas sin formalizar, lo cual se traduce en que la media de las parejas que solicitan una hipoteca en España es de 38,3 años. Además, el 55% de las nuevas operaciones se concentra entre los 30 y 39 años, confirmando que la compra se retrasa hacia una etapa vital más estable.
«No es que las parejas se comprometan más tarde; es que hoy necesitan más estabilidad para hacerlo. Las parejas siguen queriendo construir un proyecto de vida juntos, pero lo hacen cuando existe una base financiera sólida; el acceso a la vivienda exige madurez financiera», matiza Ricard Garriga, CEO y cofundador de Trioteca.
En operaciones de mejora de condiciones, la edad media asciende todavía más, hasta los 44 años, lo que refleja un ciclo natural de refinanciación en fases más avanzadas de la vida financiera. Este retraso no responde tanto a un cambio cultural como a una realidad económica: precios elevados, mayor exigencia de ahorro y carreras profesionales más tardías, que obligan a posponer decisiones clave.
¿Qué porcentaje de financiación suelen asumir las parejas que compran?
Lejos de asumir riesgos excesivos, las parejas actuales apuestan por estructuras financieras prudentes. Según datos de Trioteca, más del 84% financia como máximo el 80% del valor del inmueble, con un nivel medio de financiación del 74,5%, evitando así un endeudamiento elevado. Además, el 91,5% opta por hipotecas a tipo fijo, con un interés medio del 2,21% TIN, priorizando la estabilidad y la previsibilidad de las cuotas frente a posibles fluctuaciones del euríbor.
«Después de lo vivido con el euríbor, la prioridad es dormir tranquilos. Las parejas buscan previsibilidad y seguridad en sus cuotas», señala el CEO de Trioteca, quien afirma que el comportamiento financiero es hoy «mucho más racional que antes de la crisis financiera, con un enfoque claramente orientado a la planificación a largo plazo».
El miedo a quedarse fuera acelera decisiones
En términos de capacidad económica, las parejas que firman una nueva hipoteca presentan unos ingresos medios conjuntos de 5.017,49 euros mensuales, una cifra que refleja la necesidad de contar con una base salarial sólida para poder acceder a la compra de vivienda.
Desde la entidad, destacan que este nivel de ingresos se ha convertido prácticamente en un umbral mínimo para afrontar con garantías una operación hipotecaria, especialmente en un contexto de precios elevados y mayores exigencias de ahorro previo, lo que refuerza la tendencia hacia perfiles más maduros y financieramente estables.
La presión sobre el mercado inmobiliario también está influyendo en el comportamiento de las parejas. La combinación de oferta limitada, demanda creciente y previsiones de más de 500.000 hipotecas en 2025, junto a un entorno de tipos más favorables, está acelerando decisiones de firma, cuyo precio medio en las hipotecas firmadas por parejas en 2025 se situó en 216.748 euros de media.
«Cuando el comprador detecta que la financiación mejora, pero la vivienda sube, la decisión se acelera. Nadie quiere quedarse fuera del mercado, y si una pareja puede hacer el esfuerzo económico inicial entre dos, lo va a hacer», apunta Garriga. En su opinión, el componente emocional existe, pero el principal motor es estratégico: «anticiparse a futuras subidas de precios y asegurar condiciones hipotecarias competitivas antes de un posible cambio de ciclo es vital».
De cara a 2026, la compañía prevé que el perfil de las parejas que se hipotecarán estará marcado por una mayor madurez financiera, una capacidad de ahorro más sólida y un enfoque cada vez más estratégico en la toma de decisiones, condicionado por la evolución de los precios y la incertidumbre del mercado.
En este nuevo escenario, la planificación y la anticipación se consolidan como factores clave para acceder a la vivienda. «Comprar en pareja ya no es un acto impulsivo, sino una decisión profundamente meditada, que exige información, previsión y estrategia financiera», concluye Garriga.
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