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El silencio como lujo: así triunfan los hoteles solo para adultos

Iván García
El silencio como lujo: así triunfan los hoteles solo para adultos

En apenas un par de décadas, los llamados hoteles para adultos han pasado de ser una rareza en la oferta turística española a consolidarse como un formato en expansión que despierta cada vez más interés. Su implantación comenzó tímidamente a mediados de la década de los 2000, especialmente en las islas, donde la demanda internacional permitió experimentar con modelos más segmentados. Canarias y Baleares fueron las primeras en apostar por este tipo de alojamiento. Sin embargo, con el paso del tiempo, la tendencia ha ido extendiéndose a otros puntos de costa e incluso zonas de interior y entornos rurales.

Aunque siempre existieron huéspedes que buscaban silencio y desconexión, fue tras la pandemia cuando el formato vivió un verdadero impulso. El deseo de espacios tranquilos, cuidados y seguros alentó a muchos empresarios a redefinir su oferta. Algunos abrieron nuevas instalaciones bajo un enfoque más selectivo; otros transformaron hoteles ya existentes en alojamientos orientados a un público adulto que valora la calma, el servicio personalizado y una experiencia más exclusiva.

Un cliente que busca algo distinto

El perfil de visitante que elige estos establecimientos suele situarse por encima de los 35 años. Muchos no tienen hijos, o bien sus hijos ya son mayores. Se trata de viajeros que priorizan el descanso y los planes diseñados para un ritmo más pausado, como gastronomía de autor, spas, actividades culturales o propuestas para disfrutar en pareja.

También hay espacio para aquellos que teletrabajan y requieren de un lugar para concentrarse. Otros llegan movidos por la necesidad de desconectar por completo de su rutina, sin olvidarnos tampoco de las parejas que celebran aniversarios o escapadas especiales.

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Desde el punto de vista empresarial, esta segmentación permite desarrollar un producto muy definido. Según expertos del sector, los clientes que prefieren este tipo de alojamiento suelen contar con mayor poder adquisitivo y buscan experiencias de valor añadido. Esto proporciona margen para ofrecer servicios más cuidados. Es el caso de restaurantes a la carta, salas de masajes, terrazas chill o espectáculos nocturnos, propuestas que quizá no encajan con los planes que buscan las familias.

Incluso dentro de esta clientela aparecen subnichos en crecimiento, como el del turismo single, especialmente entre adultos que viajan solos, y que buscan espacios seguros, agradables y con un ambiente social propicio para relacionarse sin presiones.

Dese La Casa Juan Ranas, un hotel only adults en Granada, explican que «vivimos atareados» a diario y muchas familias «están más a gusto» si evitan sitios con niños, sobre todo cuando llega la hora de tomarse unas vacaciones o hacer una escapada. En su caso cuentan con cuatro habitaciones con vistas a la Alhambra, y lo que buscan es «asegurar privacidad y disfrute» a los huéspedes, sin que ese sosiego pueda verse trastocado.

Un concepto sin prohibiciones, pero con señales claras

A pesar de su denominación, los hoteles para adultos no cuentan con un respaldo legal que permita negar la entrada a menores. En España no es posible vetar el acceso de un niño que acuda acompañado de sus familiares, y hacerlo podría suponer una situación discriminatoria. Por eso, la estrategia del sector no pasa por prohibir, sino por orientar.

La clave está en comunicar qué tipo de experiencia se ofrece. La gran mayoría de estos alojamientos recurren a mecanismos de disuasión dirigidos a las familias con niños pequeños. Por ejemplo, hay una ausencia de animación infantil, inexistencia de menús especiales para los más pequeños y no disponen de cunas ni camas supletorias. La mayor parte de la programación de actividades está enfocada al bienestar o al descanso, y en general, con una propuesta claramente pensada para un público adulto. Con ello, se consigue que este tipo de alojamientos no resulte atractivo para quienes viajan en familia, sin necesidad de una prohibición explícita.

El planteamiento no es excluir a niños, sino crear espacios adaptados a otro tipo de viajero. Del mismo modo que existen complejos familiares con parques acuáticos y clubs infantiles, también hay personas que buscan justo lo contrario: un entorno donde leer, conversar o simplemente descansar sin interrupciones.

Un modelo en expansión

Según estimaciones del sector, los hoteles orientados exclusivamente a adultos representan en torno al 5% de la oferta turística total en España, un porcentaje que se eleva hasta el 10% en destinos como Canarias. Aunque no existen cifras oficiales unificadas, la tendencia de los últimos años apunta a un crecimiento sostenido.

En parte, este auge se explica porque la tranquilidad se ha convertido en un valor turístico por sí mismo. Para una parte cada vez mayor de la población, el silencio, la comodidad y la atención personalizada son lujos que justifican la inversión en un alojamiento de mayor categoría. En un mundo donde todo se mueve deprisa, encontrar espacios donde el ritmo se ralentice se percibe como un privilegio.

Además, la evolución del viajero adulto también influye. Mientras que en sus orígenes este tipo de hoteles estaba asociado sobre todo a lunas de miel o escapadas románticas, hoy su público es muy heterogéneo. Pueden convivir parejas de mediana edad con profesionales que teletrabajan o con grupos de amigos que buscan unas vacaciones sin horarios rígidos. Esta diversidad multiplica las posibilidades de personalización y amplía el atractivo del modelo.

El profesor de turismo de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Pablo Díaz indica que «estos productos están enfocados a mayores de 45 años y también a jóvenes de entre 30 y 45 años que lo ven atractivo», aunque en realidad, el sector turístico se marca como objetivo «atraer a turistas en edad madura porque cada vez hay más y porque su gasto promedio es superior».

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