
Compartir piso se ha convertido en una realidad cada vez más extendida entre quienes buscan una alternativa ante el coste de la vivienda. En España, las mujeres ya representan el 53% de las personas que viven en una vivienda compartida, frente al 47% de los hombres, según el análisis ‘Perfil de las personas que comparten vivienda’, elaborado por Fotocasa Research a partir de los datos del primer semestre de 2026.
Este reparto confirma un cambio de tendencia que comenzó a apreciarse el año pasado y que ahora se consolida. Si en el primer semestre de 2024 los hombres suponían el 55% de las personas que compartían vivienda y las mujeres eran el 45%, dos años después la situación se ha invertido. La edad también marca claramente el perfil de quienes recurren al alquiler de habitaciones. La media se sitúa en los 31 años y los jóvenes tienen un peso especialmente destacado dentro de este colectivo.
Las personas de entre 18 y 24 años representan el 44% de quienes comparten vivienda, mientras que el grupo de 25 a 34 años supone otro 33%. En conjunto, los menores de 35 años reúnen aproximadamente tres cuartas partes de toda la demanda de habitaciones en España. A partir de los 35 años, el peso de este tipo de convivencia se reduce de manera considerable. El 5% tiene entre 35 y 44 años, el 7% se encuentra entre los 45 y los 54 años y el 12% corresponde a personas de entre 55 y 75 años.
Compartir vivienda, una alternativa cada vez más vinculada al coste de la vivienda
Los datos muestran además que buscar una habitación no es una opción exclusiva de quienes ya están acostumbrados a vivir con otras personas. El 40% de los demandantes todavía vive con sus padres, aunque este porcentaje se ha reducido ligeramente respecto al año anterior. El segundo grupo más numeroso está formado por quienes ya conviven con personas que no son familiares, que representan el 24% del total. También hay personas que viven con su pareja, que suponen el 9%, mientras que otro 9% reside sola y un 10% convive con su pareja e hijos. El resto se reparte entre quienes viven solos con sus hijos, con un 2%; las familias extensas, también con un 2%, y otras situaciones residenciales, que representan el 4%.
Para María Matos, directora de Estudios y portavoz de Fotocasa, el predominio femenino es especialmente significativo porque refleja el impacto que tiene la situación de la vivienda en las decisiones de una generación. «Cada vez más personas con empleo recurren al alquiler de una habitación porque el coste de una vivienda completa resulta inasumible», señala. Considera que compartir piso ya no puede entenderse únicamente como una solución ligada a una determinada etapa vital. En sus palabras, se ha convertido en una estrategia de «supervivencia económica» que permite reducir el esfuerzo salarial necesario para acceder a una vivienda.
La experta también advierte de que las consecuencias van más allá del propio mercado inmobiliario. Según explica, cuando la emancipación se retrasa o depende de fórmulas de convivencia compartida, también puede retrasarse la creación de nuevos hogares, los proyectos de vida en pareja y la formación de familias, con efectos sobre la emancipación juvenil y la natalidad.
Andalucía encabeza la demanda de vivienda compartida
El fenómeno presenta además diferencias importantes según el territorio. Andalucía concentra el 23% de las personas que comparten vivienda en España, situándose como la comunidad autónoma con mayor peso dentro del conjunto analizado. Madrid ocupa la segunda posición, con el 20% del total, seguida de Cataluña, que representa el 13%, y de la Comunidad Valenciana, con un 12%. Estas cuatro comunidades concentran una parte importante de la demanda relacionada con el alquiler de habitaciones.
En cuanto al perfil socioeconómico, la clase social media-media es la predominante entre las personas que comparten piso y representa el 27% del total. Así, el perfil que dibujan los datos combina principalmente juventud, una presencia ligeramente mayoritaria de mujeres y una creciente necesidad de recurrir a viviendas compartidas. La evolución registrada desde 2024 muestra, además, que compartir vivienda está dejando de responder a un único modelo. Aunque los jóvenes continúan siendo claramente mayoritarios y muchas personas llegan a esta fórmula desde el hogar familiar, también aumenta su presencia entre quienes ya conviven con otras personas o con su pareja.


