
Madrid recibe casi 200.000 nuevos residentes cada año y no tiene vivienda flexible suficiente para acogerlos. Detrás de esa cifra hay estudiantes internacionales, jóvenes profesionales y trabajadores en movilidad que no encajan ni en el alquiler tradicional ni en el mercado de compra. El flex living lleva años intentando cubrir ese hueco. Davide Ravalli, responsable de Iberia en la operadora paneuropea Joivy, analiza en esta entrevista por qué ese modelo sigue siendo insuficiente, qué frenos lo limitan y qué perfil de demanda está quedándose sin respuesta.
Una demanda nueva que el mercado tradicional no resuelve
La dificultad de acceder a una vivienda en las grandes ciudades españolas ya no es solo una cuestión de precio: también de formato. Los contratos de larga duración, los avales, las fianzas y los plazos de un alquiler convencional no se adaptan a todos los perfiles. El mercado residencial tradicional no contempla, por ejemplo, a quien llega a Madrid por un proyecto de seis meses, a quien estudia un máster de un año o a quien trabaja de forma nómada entre varias ciudades europeas.
El segmento de corta y media estancia ha crecido en los últimos años para dar respuesta a esa brecha. Una tendencia impulsada, según Ravalli, por «las nuevas necesidades de movilidad y flexibilidad» de estudiantes internacionales, jóvenes profesionales y demanda corporativa, y «una creciente demanda de modelos de vida híbridos», que incorporan servicios propios de la hostelería —recepción, limpieza, mantenimiento, zonas comunes— al concepto de vivienda. No es un nicho menor: es el segmento al que pertenecen colectivos cada vez más amplios que no pueden o no quieren comprometerse con un contrato de tres años.
El precio ya no lo es todo: qué busca quien elige el flex living
Uno de los cambios más relevantes que describe Ravalli es la evolución de las expectativas de quien opta por este tipo de alojamiento. Ya no se trata solo de encontrar un sitio donde dormir a un precio razonable. «El mercado es mucho más competitivo ahora que en el pasado», explica. «Hay que garantizar una experiencia excelente, no exclusivamente referida a la calidad del inmueble. Hoy lo que la gente busca es vivir una experiencia y tener un nivel de customer service muy cercano».
Esa transformación tiene implicaciones directas en cómo se diseñan y gestionan los activos. Las zonas comunes dejan de ser un extra y pasan a ser un criterio de selección. La atención al residente, la gestión de incidencias o la posibilidad de construir comunidad dentro del edificio se convierten en factores determinantes. En un contexto donde la vivienda escasea y los precios no bajan, la calidad del servicio se convierte en el verdadero campo de batalla.
España: normativa fragmentada y escasez estructural
El mercado español presenta una paradoja. La demanda de vivienda flexible crece, pero la oferta no avanza al mismo ritmo. Ravalli identifica dos obstáculos principales. El primero es regulatorio: «existe un entorno normativo complejo y fragmentado», señala, que varía de una comunidad autónoma a otra y que dificulta operar con un modelo homogéneo a escala nacional. El segundo es estructural: hay una «falta de vivienda flexible y asequible» que deja sin respuesta a los casi 200.000 nuevos residentes que llegan a Madrid cada año.
Esa escasez no es un problema abstracto. Tiene rostros concretos: el estudiante de Erasmus que no encuentra piso por debajo de 900 euros al mes, el profesional extranjero que llega con un contrato de nueve meses y ningún propietario quiere alquilarle, el trabajador desplazado que no puede permitirse un hotel durante semanas. «La necesidad creciente de contar con operadores profesionales capaces de ofrecer soluciones de vivienda estructuradas», dice Ravalli, es una consecuencia directa de que el mercado convencional no siempre ofrece soluciones habitacionales a estos perfiles.
¿Qué perfil inversor está apostando por este segmento? El directivo identifica tres tipos de actores: inversores institucionales, promotores que reposicionan activos existentes y propietarios privados que buscan una gestión profesional de sus inmuebles. La profesionalización del sector es, en su opinión, una tendencia imparable.
Más allá de los datos de mercado, Ravalli describe una visión del alojamiento flexible que va más allá del negocio. El coliving y las estancias de media duración no son solo un producto inmobiliario: son, para muchos jóvenes, la primera forma de independencia residencial fuera del entorno familiar. «Existen otras plataformas enfocadas en el corto plazo y otras en el largo plazo, pero no hay ninguna que ofrezca las tres tipologías de temporalidad», afirma.
Esa continuidad importa porque refleja una realidad demográfica: los jóvenes europeos viven en movilidad durante años antes de asentarse. Cambian de ciudad por motivos académicos, profesionales o personales con una frecuencia que el mercado inmobiliario tradicional no está diseñado para asumir. El flex living, en ese sentido, no compite con la vivienda en propiedad ni con el alquiler convencional: cubre una etapa vital que esos formatos no pueden atender.
Hacia dónde va el mercado en España
De cara a 2026, Ravalli no anticipa grandes saltos geográficos sino consolidación. «En el futuro cercano, queremos centrarnos en desarrollar y reforzar nuestra presencia en los países en los que ya estamos presentes», señala. En España, el foco está en Madrid, donde la marca opera actualmente más de 500 habitaciones de larga estancia y dos edificios de coliving en el centro. A corto y medio plazo, Salamanca será la próxima apertura. Más adelante, el directivo menciona Valencia, Málaga, Sevilla, Bilbao y Alicante como mercados con «un buen nivel de demanda de corta y media estancia».
La selección de nuevas ubicaciones responde a criterios que combinan lo económico con lo social: localización accesible, equilibrio entre oferta y demanda local y capacidad para generar zonas comunes que creen comunidad. «Desarrollar un portfolio de activos que nos permita garantizar el mejor nivel de soporte para nuestro huésped», dice Ravalli, «es nuestra prioridad». En un mercado donde conseguir una vivienda en una gran ciudad española se ha convertido en un reto para una parte creciente de la población, esa prioridad tiene tanto de respuesta empresarial como de necesidad social.
La conversación sobre vivienda en España suele girar en torno a la compra y al alquiler de larga duración. Pero hay una tercera realidad, menos visible y igual de urgente: la de quienes necesitan un lugar donde vivir durante meses, no años, en ciudades donde esa oferta es escasa, cara y poco regulada. El flex living ocupa ese espacio. Su crecimiento no es solo una oportunidad de negocio: es también el síntoma de un mercado residencial que sigue sin dar respuesta a una parte significativa de la población.
¿Qué temas trata esta noticia?



