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Estadios 24/7: un activo inmobiliario complejo

Lucía Hernández (CBRE GWS) analiza el potencial inmobiliario de los estadios, una tipología de activo complejo con cada vez más posibilidades.

Tribuna
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En el año 2030 España acogerá el Mundial de fútbol, pero el verdadero reto no es llegar a esa cita, sino qué legado dejamos después. Si bien nuestro país cuenta con estadios de primer nivel, un evento de este calibre obliga a dar un paso más. Y no solo en Madrid y Barcelona; Sevilla, Bilbao, Valencia, Vigo, A Coruña, Zaragoza, Málaga, San Sebastián y Gran Canaria cuentan —o contarán— con instalaciones de referencia. Sin embargo, la cita mundialista no es el único acicate. Los clubes son cada vez más conscientes de que los estadios ya no pueden concebirse como infraestructuras que se activan 20 o 25 días al año. Se han convertido, o deben hacerlo, en activos inmobiliarios complejos, intensivos en operación y con vocación de uso continuo.

Los estadios han dejado de ser simples recintos deportivos para convertirse en centros multifuncionales: conciertos, eventos, experiencias, tours… Cada nuevo uso añade complejidad operativa. Un estadio puede pasar de unas 60 horas anuales de fútbol a más de 8.000 horas de actividad, lo que exige infraestructuras robustas, sistemas fiables, ventanas de mantenimiento mínimas y equipos altamente especializados. Es aquí donde la gestión del activo deja de ser un back office y se convierte en palanca directa de resultados.

La experiencia del aficionado y del usuario no se construye solo desde lo comercial; se sostiene desde la operación diaria del estadio. Aspectos clave como accesos fluidos, confort térmico, iluminación, limpieza, señalización o tiempos de respuesta ante incidencias dependen directamente de una infraestructura bien mantenida, sistemas técnicos fiables y equipos operativos alineados. Sin una base operativa sólida, la promesa de marca no llega a cumplirse.

A esta complejidad se suman nuevas exigencias en materia de seguridad. Estos recintos acogen eventos con miles de personas en ventanas muy cortas de tiempo. La seguridad ya no se apoya únicamente en protocolos, sino en anticipación, datos y herramientas que permitan apoyar la toma de decisiones y garantizar la operatividad del recinto en cualquier circunstancia.

En paralelo, la sostenibilidad se ha consolidado como una exigencia regulatoria y reputacional. Las directrices de UEFA y FIFA avanzan hacia modelos de gestión basados en datos, eficiencia energética y control diferenciado de consumos entre días de evento y no evento. En este contexto, una gestión deficiente del estadio no solo incrementa los costes, sino que supone un riesgo económico y de imagen para clubes y operadores.

Todo ello obliga a repensar los modelos tradicionales de gestión. La creciente complejidad técnica, la presión sobre los costes y la reducción de las ventanas de intervención hacen imprescindible una gestión inteligente, planificada y orientada a resultados.

«Hoy, los estadios ya no pueden gestionarse como infraestructuras puntuales, sino como activos vivos, con impacto directo en la cuenta de resultados, la experiencia del usuario y la reputación de las organizaciones que los operan».

El verdadero reto, por tanto, no es que los estadios estén abiertos más días, sino estar preparados para operarlos como lo que realmente son: infraestructuras críticas, generadoras de valor y con una clara vocación de uso continuo más allá del día de partido.


Artículo de opinión escrito por Lucía Hernández, responsable de desarrollo de negocio de CBRE GWS y experta del área sports

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