
Hablar del futuro de la logística nunca ha sido tan desafiante… ni tan necesario. Vivimos en un contexto marcado por la incertidumbre, la presión regulatoria, los cambios en los hábitos de consumo y una transformación tecnológica sin precedentes. Sin embargo, lejos de paralizarse, la cadena de suministro ha demostrado una capacidad extraordinaria de adaptación y resiliencia.
Desde esa perspectiva analítica, el sector ha venido identificando una serie de tendencias estructurales que permiten anticipar los grandes vectores que marcarán la evolución de la logística global en los próximos años, con un impacto directo también en Europa y en mercados como España.
De cara a 2026, y especialmente en el contexto europeo, todo apunta a una mayor tensión en el mercado inmologístico, al mantenimiento del fuerte impulso del comercio electrónico, a crecientes restricciones energéticas y a una contracción progresiva de la capacidad del transporte por carretera. Un escenario exigente que obliga al sector a tomar decisiones cada vez más estratégicas.
Europa seguirá posicionándose como uno de los mercados logísticos más ajustados a nivel global, con tasas de desocupación por debajo del 5%. No se trata únicamente de un ciclo económico, sino de una presión estructural derivada de una oferta especulativa limitada, del incremento de los costes de desarrollo y de unas restricciones urbanísticas cada vez más complejas. En España, esta realidad se percibe con especial intensidad en mercados como Madrid, Barcelona o Valencia, donde la escasez de suelo y los largos plazos administrativos refuerzan el valor de los activos bien ubicados y de nueva generación.
Otro de los grandes motores de la demanda seguirá siendo el comercio electrónico. En 2026, se estima que el e-commerce represente cerca del 25% de las nuevas contrataciones logísticas a nivel global. Europa continental parte todavía de niveles relativamente bajos, en torno al 10%, muy lejos del Reino Unido, lo que deja un amplio margen de crecimiento en países como España. Esta evolución no solo incrementa la necesidad de espacio, sino que eleva las exigencias operativas: mayor proximidad a los núcleos urbanos, flexibilidad, rapidez y eficiencia.
La energía se consolida, además, como un criterio clave de localización logística. Los activos capaces de soportar automatización, procesos industriales avanzados o frío logístico ganan protagonismo. No es casual: un almacén totalmente automatizado puede llegar a consumir entre tres y cinco veces más energía que un activo tradicional. En España, la limitada capacidad de la red eléctrica en determinadas zonas añade complejidad, pero también abre una oportunidad estratégica en un país con un alto potencial solar, donde las soluciones basadas en energía fotovoltaica y almacenamiento en baterías permiten reforzar la resiliencia operativa y contener costes.
A este escenario se suma la presión creciente sobre el transporte por carretera. La reducción de la capacidad disponible y el encarecimiento de los costes logísticos sitúan el transporte como una parte cada vez más relevante del gasto total de la cadena de suministro, reforzando de nuevo el valor de los activos bien ubicados, capaces de reducir distancias, tiempos de entrega y dependencias externas.
Por último, el uso de los almacenes se acercará a niveles claramente expansionistas. Tras crecer de forma sostenida en 2025, la utilización de las plataformas logísticas se aproximará al umbral del 85,5%, lo que llevará a muchas empresas a alcanzar su capacidad funcional y a retomar decisiones de expansión, especialmente en sectores como bienes esenciales, comercio electrónico y manufactura.
España parte de una posición geoestratégica privilegiada dentro de las cadenas de suministro europeas. Pero mantener esa ventaja exigirá abordar retos estructurales como el acceso a suelo, la disponibilidad energética o la eficiencia del transporte, desde una visión de largo plazo y una colaboración real entre sector público y privado. Las predicciones para 2026 hablan de una logística más exigente, más estratégica y plenamente consciente de su papel clave en el funcionamiento de la economía.
Artículo de opinión escrito por Cristian Oller, SVP, Head of Asset Management del Sur de Europa, Prologis



