
El semanario británico The Economist ha desarrollado el denominado Índice de Carrie Bradshaw para analizar la accesibilidad del alquiler en las principales ciudades de Estados Unidos. La herramienta compara el salario necesario para poder pagar un piso de una habitación en solitario con el salario medio de cada ciudad. El nombre rinde homenaje al icónico personaje ficticio de ‘Sex and the City’, que vivía sola en Manhattan gracias a su trabajo como columnista independiente y aun así podía permitirse restaurantes, una extensa colección de zapatos y ropa de diseñador.
La base del índice es una recomendación ampliamente aceptada entre economistas y expertos en vivienda: nadie debería destinar más del 30% de sus ingresos brutos al pago del alquiler. A partir de ese umbral, las ciudades se clasifican como asequibles o inasequibles. La pregunta es obvia: ¿qué pasa si aplicamos ese mismo criterio a España?
Madrid suspende el examen del 30%
Para calcular el índice en España, el punto de partida es el salario medio mensual de 2024, fijado en 2.385 euros brutos según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) a partir de la Encuesta de Población Activa (EPA). Al mismo tiempo, el último informe trimestral de Idealista sitúa a Madrid como la capital más cara para alquilar del país, con un precio medio de 23,3 euros por m2 al mes, lo que supone un incremento anual del 9%.
Cruzando ambas cifras, el resultado es revelador. Un trabajador con el salario medio de 2024 percibe aproximadamente 2.000 euros netos al mes, una vez descontadas las retenciones fiscales, tomando como referencia a un soltero menor de 65 años sin hijos ni discapacidad. Alquilar un apartamento de 50 m2 en Madrid le costaría unos 1.165 euros al mes, lo que equivale al 58% de sus ingresos netos. La distancia con respecto al umbral del 30% no es marginal: es prácticamente el doble.
¿Y una periodista con experiencia como Andy Sachs lo lograría?
El ejercicio puede hacerse también con un perfil profesional más concreto, como el de Andy Sachs, la protagonista de ‘El diablo viste de Prada’. Tomando como referencia a una redactora de prensa escrita con dos décadas de trayectoria, su equivalente en España estaría encuadrado en el Grupo 3 del convenio estatal de prensa diaria, la categoría reservada a redactores sin puestos de jefatura. Según ese convenio, el salario mínimo anual pactado para 2025 es de 23.464 euros brutos, lo que equivale a 1.955 euros brutos al mes en doce pagas.
Con esos ingresos, el alquiler de un estudio de 50 m2 en Madrid, situado en 1.165 euros al mes, representaría cerca del 60% del salario antes de impuestos. La cifra duplica con creces el umbral del 30% recomendado por los expertos. Cabe matizar que el salario real de una periodista con ese perfil puede ser más elevado en grandes grupos de comunicación con convenios propios y tablas retributivas más altas.
Sin embargo, el ejemplo del salario medio y del mínimo garantizado por convenio ilustra con claridad que incluso un perfil cualificado y con larga trayectoria profesional tendría serias dificultades para cumplir los criterios de esfuerzo financiero aconsejados a la hora de afrontar el alquiler en la capital. El Índice de Carrie Bradshaw no solo revela que Madrid es cara: confirma que vivir solo allí, sin comprometer gravemente las finanzas personales, está fuera del alcance de la mayoría de los asalariados.
