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El coste oculto de las viviendas zombi (y por qué invertir con sentido importa más que nunca)

El CEO y cofundador de Ratio.cx analiza el impacto económico que suponen las viviendas vacías en un parque residencial como el de Barcelona.

El coste oculto de las viviendas zombi (y por qué invertir con sentido importa más que nunca)

Barcelona vive una paradoja que debería incomodarnos, y mucho más de lo que lo hace: mientras miles de personas buscan dónde vivir o invertir con sentido, decenas de miles de viviendas permanecen tomadas, cerradas, deshabitadas. Olvidadas en los balances de fondos de inversión desde hace más de una década. Viviendas zombi: presentes, pero ausentes. Con potencial, pero sin propósito.

En Catalunya, se estima que hay más de 80.000 inmuebles residenciales sin uso efectivo. Solo en Barcelona, unas 70.000 propiedades permanecen cerradas —de forma intermitente o permanente—, según datos del Observatori de l’Habitatge de Barcelona (2019).

Algunas están en litigio. Otras, a la espera de una oportunidad especulativa. Y muchas, simplemente atrapadas en un limbo burocrático.

Y aunque pueda parecer solo una pérdida de oportunidad, la realidad es que cada vivienda cerrada puede suponer un coste cercano a los 20.000 € anuales. Por un lado, el alquiler no percibido —una vivienda media de 75 m² en Barcelona podría generar alrededor de 13.000 € al año—. Por otro, los gastos fijos que siguen corriendo (IBI, comunidad, seguros y suministros), que oscilan entre 3.000 € y 5.000 € anuales.

Cuando estas viviendas están tomadas, vacías o abandonadas, quien realmente asume esa pérdida es la ciudad: pierde ingresos, pierde oferta y pierde vida urbana.

La digitalización crea nuevas reglas de negocio para el sector inmobiliario

En paralelo, el sector inmobiliario atraviesa una transformación profunda. La digitalización ha empezado a facilitar nuevas formas de invertir, más ágiles, transparentes y directas, que permiten canalizar capital hacia proyectos reales, conectando a pequeños inversores con oportunidades antes reservadas a unos pocos o solo a inversores institucionales.

En este contexto, se ha instalado la idea de que esta evolución permite “acelerar el mercado”, “ganar dinero sin ser propietario” o “invertir con poco capital”. Y si bien estos conceptos pueden tener algo de cierto, el verdadero problema está en cómo se interpretan. Porque la rentabilidad no aparece por arte de magia, ni porque la tecnología lo haga todo más fácil.

Entonces, ¿dónde surge de verdad la rentabilidad?

La rentabilidad aparece cuando se crea valor. Concreto. Medible. Verificable.

Recuperar edificios vacíos o en mal estado y darles un nuevo uso mejora el barrio, creando espacios que suman a la vida urbana y a la comunidad.

Aumentar la oferta de vivienda o espacios de trabajo donde hoy escasean.

Facilitar que más personas puedan invertir, con procesos claros, seguros y transparentes.

Crear valor en este mercado exige tiempo, esfuerzo y mucha dedicación.

Detrás de cada proyecto hay personas que, además de vocación, necesitan un retorno que les permita sostener este trabajo a largo plazo, y hacerlo cada vez mejor.

Y cuando se genera ese valor real, la rentabilidad no es el problema: es parte de la solución.

El verdadero desafío no está en que más personas puedan invertir.

Está en que todavía cueste tanto hacerlo, que el proceso sea opaco, y que las mejores oportunidades sigan cayendo en manos de unos pocos.

El futuro del real estate en Catalunya se juega ahí:

En abrir procesos.

En activar capital dormido.

En movilizar espacios en desuso.

En democratizar oportunidades sin banalizar el riesgo.

Barcelona no necesita más promesas.

Necesita soluciones reales: que el talento no tenga que irse, que las empresas encuentren dónde crecer, que la inversión tenga un sentido más allá del beneficio individual.

Y eso no lo logra la tecnología por sí sola. Lo consigue un compromiso colectivo por transformar la ciudad desde el ladrillo, sí, pero también desde la ética, la eficiencia y una visión de largo plazo.

Artículo de opinión firmado por Nicolás Araujo Müller, CEO & Co- fundador de Ratio.cx

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