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La paradoja española: ricos en patrimonio, pobres en liquidez

Rodolfo Nevado (Jubenial) explica que los mayores pueden sacar un mayor rendimiento a las viviendas con métodos como la nuda propiedad.

Tribuna
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La paradoja española: ricos en patrimonio, pobres en liquidez
La paradoja española: ricos en patrimonio, pobres en liquidez 6
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Existe una imagen que describe a la perfección una de las grandes contradicciones económicas de nuestro país. Imaginemos a una persona jubilada que vive en una vivienda valorada en cientos de miles de euros, completamente pagada tras décadas de trabajo y esfuerzo. Sobre el papel es una persona con patrimonio. Sin embargo, en su día a día mide cada gasto, renuncia a determinados planes y observa cómo su pensión apenas le permite afrontar con holgura una jubilación cada vez más larga.

Puede parecer una excepción, pero en realidad es una fotografía cada vez más habitual en España.

Somos un país de propietarios. Durante generaciones, la vivienda ha sido la principal forma de ahorro de las familias españolas y, para millones de personas, representa el activo más valioso que poseen. Gracias a esa cultura del esfuerzo y de la inversión a largo plazo, gran parte de los actuales jubilados han logrado construir un patrimonio inmobiliario sólido. Sin embargo, esa misma fortaleza patrimonial esconde una debilidad creciente: gran parte de esa riqueza permanece inmovilizada.

Nos encontramos así ante una paradoja tan singular como relevante. Muchos mayores son ricos en patrimonio, pero disponen de una liquidez limitada para afrontar necesidades presentes y futuras. Su riqueza existe, pero permanece atrapada entre cuatro paredes.

El fenómeno no es menor. Se trata de miles de millones de euros concentrados en viviendas que cumplen una función residencial, pero cuyo valor económico apenas puede aprovecharse para mejorar la calidad de vida de quienes las habitan. Mientras tanto, la longevidad aumenta, los gastos asociados al envejecimiento crecen y las expectativas sobre cómo queremos vivir la jubilación son muy distintas a las de generaciones anteriores.

La pregunta resulta inevitable: ¿tiene sentido acumular patrimonio durante toda una vida para que permanezca prácticamente inaccesible cuando más podría contribuir al bienestar de su propietario?

Tradicionalmente, la respuesta ha estado vinculada a la herencia. La vivienda se concebía como un legado destinado a transmitirse intacto a la siguiente generación. Era una visión lógica en una sociedad donde la esperanza de vida era menor y donde la jubilación tenía una duración mucho más limitada.

Pero hoy la realidad es diferente. Miles de personas afrontan veinte, veinticinco o incluso treinta años de vida tras su retirada laboral. Hablamos de una etapa vital extensa, activa y llena de oportunidades, pero que también exige recursos económicos suficientes para mantener la independencia, acceder a servicios de calidad y disfrutar de una vida plena.

Sin embargo, muchas familias desconocen que existen alternativas para transformar parte del valor de la vivienda en liquidez sin necesidad de abandonar el hogar. El patrimonio inmobiliario sigue siendo percibido, en demasiados casos, como un activo intocable, cuando en realidad puede convertirse en una herramienta financiera al servicio de las necesidades de cada persona.

«El patrimonio cumple su función cuando mejora la vida de quienes lo poseen»

— RODOLFO NEVADO, CEO DE JUBENIAL

La realidad es que hoy existen distintas fórmulas de licuación patrimonial que permiten a los mayores convertir parte del valor acumulado en su vivienda en recursos para mejorar su calidad de vida. Y, sin embargo, siguen siendo grandes desconocidas para buena parte de la población.

Entre ellas se encuentra la nuda propiedad, que permite vender la titularidad del inmueble conservando el derecho de uso y disfrute durante toda la vida; la renta vitalicia inmobiliaria, mediante la cual el propietario transmite la vivienda a cambio de unos ingresos periódicos garantizados; o la venta con alquiler garantizado, una alternativa que proporciona liquidez inmediata manteniendo la posibilidad de seguir viviendo en la misma casa. También existen otras soluciones adaptadas a distintos perfiles, necesidades familiares y objetivos patrimoniales.

La paradoja española: ricos en patrimonio, pobres en liquidez

Lo verdaderamente importante no es optar por una fórmula u otra, sino comprender que la vivienda puede desempeñar un papel mucho más activo en la planificación financiera de la jubilación. Frente a la visión tradicional que la reducía exclusivamente a una herencia futura, hoy emerge una perspectiva más amplia: la vivienda como una herramienta capaz de generar bienestar para quienes la han construido y habitado durante toda una vida.

Más allá de las particularidades financieras de cada alternativa, todas comparten una misma filosofía: transformar una riqueza inmovilizada en recursos disponibles para afrontar con mayor tranquilidad los retos y oportunidades de la longevidad.

Y ese bienestar puede adoptar múltiples formas. Puede traducirse en complementar ingresos, afrontar gastos sanitarios, adaptar el hogar a nuevas necesidades, acceder a mejores cuidados, ayudar económicamente a hijos o nietos en momentos clave o, simplemente, disfrutar de experiencias para las que nunca antes hubo tiempo.

Porque cuando hablamos de liquidez no estamos hablando únicamente de dinero. Estamos hablando de autonomía, de tranquilidad y de capacidad de decisión.

En una sociedad cada vez más longeva, la gestión eficiente del patrimonio inmobiliario tiene además implicaciones que trascienden al ámbito individual. Cuando las personas mayores cuentan con más recursos, aumentan su capacidad de consumo, mejoran su acceso a servicios y cuidados, y participan de manera más activa en la economía. Liberar valor patrimonial no solo genera beneficios personales; también puede contribuir al bienestar colectivo.

Por eso, el verdadero desafío no consiste únicamente en acumular patrimonio, sino en aprender a utilizarlo de manera inteligente a lo largo de toda la vida.

España ha logrado construir una de las mayores bolsas de riqueza inmobiliaria de Europa gracias al esfuerzo de generaciones enteras. Ahora el reto es dar el siguiente paso: dejar de contemplar la vivienda exclusivamente como un activo estático y empezar a verla como una herramienta al servicio de las personas.

Porque el patrimonio cumple su función cuando mejora la vida de quienes lo poseen. Y quizá haya llegado el momento de preguntarnos si una vivienda debe ser únicamente una herencia para mañana o también una oportunidad para vivir mejor hoy.


Artículo de opinión escrito por Rodolfo Nevado, CEO de Jubenial

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