
Los hogares que cuentan con viviendas en alquiler presentan una situación económica muy alejada de la de las familias que viven como inquilinas. Según un estudio elaborado por el Ministerio de Consumo junto al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IFS-CSIC), los hogares que alquilan más de una vivienda alcanzan una renta mediana anual de 80.375 euros, casi cuatro veces superior a la de los inquilinos, situada en 21.335 euros.
El informe, basado en los datos de la Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España, analiza cómo la posición que ocupa cada hogar dentro del mercado residencial influye en sus ingresos y en su capacidad para acumular riqueza. Sus conclusiones apuntan a que la diferencia entre propietarios, arrendadores e inquilinos tiene un peso mayor que otros factores habituales como la edad o el nivel de ingresos.
Los datos muestran también una clara distancia entre quienes tienen una vivienda alquilada y quienes poseen varios inmuebles destinados al alquiler. Los arrendadores con una sola vivienda en alquiler registran una renta mediana de 50.959 euros, mientras que los hogares propietarios de su vivienda habitual, sin contar con pisos arrendados, alcanzan los 32.120 euros.
La vivienda como factor clave de desigualdad económica
El estudio señala que las diferencias económicas de la población están relacionadas principalmente con la posición residencial de cada familia. En este sentido, ser propietario, inquilino o arrendador determina una parte importante de las oportunidades de ahorro y de acumulación de patrimonio. Una de las principales conclusiones del informe es que la situación de los jóvenes no responde únicamente a una cuestión generacional, sino a las dificultades que encuentran para acceder a una vivienda en propiedad. El documento destaca que la brecha patrimonial entre generaciones está vinculada especialmente a su posición dentro del mercado residencial.
El trabajo, coordinado por Javier Gil, apunta que el mercado del alquiler puede producir una transferencia de recursos desde los hogares con menos capacidad económica hacia aquellos que ya cuentan con un mayor patrimonio. Esta situación se refleja especialmente en las diferencias de riqueza neta entre propietarios, arrendadores e inquilinos. Los hogares que viven de alquiler tienen una riqueza neta mediana de 2.217 euros, una cifra muy inferior a los 193.919 euros que alcanzan quienes son propietarios de la vivienda en la que residen. La diferencia aumenta todavía más en el caso de quienes obtienen ingresos por alquilar inmuebles.
Los hogares con una vivienda destinada al alquiler acumulan una riqueza neta mediana de 407.975 euros, mientras que los hogares que poseen varias viviendas arrendadas llegan hasta los 996.826 euros. Según los datos del informe, esta última cifra supone unas 450 veces la riqueza mediana de los hogares inquilinos.
El estudio advierte de que el aumento del precio de los alquileres durante los últimos años ha intensificado esta situación. «Cuanto más sube la renta», señala el informe, más recursos transfieren los hogares inquilinos a los arrendadores y menos capacidad tienen para ahorrar y acceder a una vivienda propia. La subida de los precios residenciales y la revalorización de las viviendas tampoco afectan a todos los hogares por igual. El documento considera que estos fenómenos benefician principalmente a quienes ya son propietarios, mientras que dificultan la entrada en el mercado de quienes todavía no cuentan con una vivienda en propiedad.
Una brecha que se refuerza con el acceso a la propiedad
Las conclusiones del estudio reflejan que la vivienda se ha convertido en un elemento central para entender las diferencias económicas entre hogares. La posibilidad de adquirir una propiedad permite acumular patrimonio con el paso del tiempo, mientras que el alquiler supone un gasto continuo que puede limitar la capacidad de ahorro. El informe de Consumo y el CSIC destaca que las desigualdades relacionadas con la vivienda no funcionan de manera aislada, sino que se refuerzan entre sí. El acceso desigual a la propiedad, la acumulación de patrimonio inmobiliario y la generación de ingresos mediante alquileres forman un círculo que amplía las diferencias económicas.
De esta forma, la posición dentro del mercado residencial aparece como uno de los principales factores que explican la distancia entre quienes acumulan riqueza y quienes tienen más dificultades para hacerlo. El estudio concluye que la evolución del mercado de la vivienda tiene un impacto directo sobre la distribución económica de los hogares.

