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Construir más, vivir mejor

Raquel Bueno (Metrovacesa) explica por qué la perspectiva saludable es clave en la construcción actual para garantizar mejor vivienda a futuro.

Tribuna
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Durante años hemos hablado de la vivienda en términos de precios, oferta, demanda y metros cuadrados. El acceso a una vivienda se ha convertido en uno de los principales retos económicos y sociales de nuestro país y necesitamos respuestas a una escasez de oferta que afecta cada vez a más personas.

Pero conviene no perder de vista una cuestión esencial. La vivienda no es solo un activo económico ni una cifra en las estadísticas. Es el lugar donde transcurre buena parte de nuestra vida. La forma en que diseñamos nuestras viviendas y nuestras ciudades tiene, por tanto, una influencia directa sobre el bienestar de las personas.

España necesita construir más vivienda. El diagnóstico es claro. La creación de nuevos hogares avanza desde hace años a un ritmo superior al de la producción residencial y ese desequilibrio tiene consecuencias evidentes sobre el acceso a la vivienda.

Pero la urgencia por aumentar la oferta no debería llevarnos a plantear el debate únicamente en términos de cantidad. Si necesitamos construir las viviendas de las próximas décadas, también debemos preguntarnos cómo queremos vivir en ellas.

La sostenibilidad ofrece una parte importante de la respuesta. Aunque quizá debamos empezar a hablar de ella de una forma diferente.

Durante mucho tiempo, la sostenibilidad en el sector inmobiliario se ha asociado principalmente a la eficiencia energética, la reducción de emisiones o el uso responsable de los recursos. Sin embargo, la sostenibilidad no puede limitarse a una cuestión de eficiencia. Su objetivo último debe ser mejorar la vida de las personas.

Una vivienda sostenible también debe ser una vivienda confortable. Debe responder a las condiciones climáticas de su entorno y ofrecer espacios capaces de adaptarse a las necesidades de quienes los habitan. El cambio climático y el aumento de la frecuencia e intensidad de los eventos naturales extremos hacen que pensar en la resiliencia de los edificios ya no sea una previsión a largo plazo, sino una necesidad presente.

Hablar de arquitectura saludable supone ampliar esta mirada. La calidad de un edificio no depende únicamente de cómo se comporta desde el punto de vista energético. También tiene que ver con la luz, el confort térmico, la ventilación, la capacidad de los espacios para acompañar las distintas etapas de la vida y la posibilidad de mantener unos costes de uso razonables a lo largo del tiempo.

Pero la vivienda no termina en la puerta de casa.

De poco sirve diseñar edificios excelentes si quienes viven en ellos no encuentran alrededor los servicios y espacios que necesitan. El bienestar también se construye en el barrio. En la proximidad a los equipamientos, en la existencia de zonas verdes y espacios de convivencia o en la posibilidad de acceder a una vivienda sin alejarse cada vez más de los lugares donde se desarrolla la vida.

Esta es una de las grandes responsabilidades del desarrollo urbano. Construir vivienda significa intervenir en la ciudad. Y esa intervención debe contemplar lo que ocurre dentro de cada edificio, junto con la relación entre las personas y su entorno.

«No podemos permitirnos resolver el déficit de vivienda de hoy creando los problemas urbanos de mañana».

Facilitar el acceso a la vivienda no significa rebajar las exigencias sobre la calidad de los proyectos. Al contrario. Cuanto mayor sea el esfuerzo que debemos realizar para responder a las necesidades residenciales de los próximos años, más importante será hacerlo con una visión de largo plazo.

Las decisiones que adoptemos determinarán buena parte de la ciudad que heredarán las siguientes generaciones. Por eso, el debate sobre la arquitectura saludable llega en un momento especialmente oportuno. Nos recuerda que detrás de cada decisión sobre un edificio o un desarrollo urbano hay una consecuencia sobre la vida de las personas.

No perdamos el foco. Construir viviendas es construir los lugares en los que transcurre nuestra vida. Y si vamos a construir más, hagámoslo para vivir mejor.

Artículo de opinión escrito por Raquel Bueno, directora de ESG de Metrovacesa, empresa patrocinadora del III Congreso Nacional de Arquitectura Saludable

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