
El boom hipotecario que no llega a todos
El sector hipotecario español vive un momento histórico. Durante 2025, las entidades de crédito cerrarán el año con cifras récord: cerca de 500.000 préstamos hipotecarios por un importe aproximado de 84.000 millones de euros. Este incremento del 36% respecto a 2024 representa el mejor dato de los últimos 15 años y, junto a la bajada de la morosidad, evidencia la solidez del sector financiero.
Sin embargo, existe una paradoja inquietante: mientras los bancos celebran estos resultados, el sector de la tasación hipotecaria -su proveedor imprescindible- sufre un deterioro silencioso y progresivo.
La caída invisible: números que hablan por sí solos
Desde la crisis inmobiliaria de 2008, el precio del informe de tasación ha experimentado reducciones acumuladas del 30%, mientras que el IPC del mismo periodo ha aumentado un 35%. El resultado es preocupante para los profesionales de la tasación: el precio medio actual de un informe de tasación equivale aproximadamente a la mitad de su valor actualizado, mientras que el trabajo necesario para elaborarlo, debido a las exigencias unilaterales de las entidades financieras y a las nuevas exigencias de la normativa que han entrado en vigor en agosto de 2025, se ha multiplicado por dos.
Esta erosión del precio no ha sido fruto del mercado, sino consecuencia de las presiones sistemáticas de las entidades financieras sobre las sociedades de tasación, de la competencia desleal entre sociedades que ofrecen servicios por debajo de los costes reales, y de la ausencia de protección para el tasador autónomo, que carece de convenio colectivo y herramientas de defensa laboral. El eslabón más débil de esta cadena es precisamente el colaborador autónomo, cuya remuneración ya se sitúa en muchos casos por debajo del equivalente al Salario Mínimo Interprofesional.
El escándalo de las comisiones encubiertas
A las reducciones de precio se suman prácticas cuestionables. Determinadas entidades financieras han aplicado comisiones de intermediación a las sociedades de tasación, descuentos que estas, a su vez, han trasladado directamente a los honorarios de los tasadores. Recientemente, el Banco de España advirtió a las entidades financieras sobre la improcedencia de percibir estas comisiones vinculadas a la tramitación de tasaciones, y, según la información disponible, en las nuevas contrataciones estas comisiones o rappels ya no se aplican.
No obstante, la realidad práctica apunta en otra dirección. Las entidades financieras estarían reduciendo aún más los precios de los informes o, alternativamente, las sociedades de tasación estarían absorbiendo la diferencia en sus márgenes sin mejorar las condiciones de los tasadores. Estos profesionales, por su gran asimetría de posición frente a los empleadores, carecen de capacidad real de negociación.

La recuperación que nunca llegó a los tasadores
Durante la crisis inmobiliaria y financiera de 2008, el tasador se adaptó a la realidad del mercado. Sin embargo, a partir de 2015, según datos del Banco de España, el beneficio bruto de las sociedades de tasación inició una senda de recuperación con resultados incluso superiores a los del boom inmobiliario entre 2000 y 2007. Esta recuperación nunca se reflejó en la remuneración del tasador.
Los datos son contundentes. En 2003, con la entrada en vigor de la normativa actual, el gasto medio en tasadores representaba el 52% del precio del informe al cliente. En 2020, año de constitución de la AETH, ese porcentaje había descendido al 34,8%. Actualmente, se mantiene alrededor del 36% sobre un precio ya de por sí desactualizado.
El llamado «libre mercado» en el sector de la tasación es más un decorado que una realidad. Mientras unos pocos operadores controlan el escenario, los tasadores sostienen la obra: visitan personalmente los inmuebles, levantan un plano, recopilan y verifican documentación conforme a normativa, solucionan incidencias, redactan informes técnicos rigurosos y complejos y alimentan plataformas digitales y bases de datos a contrarreloj. Todo ello por una retribución menguante.
El equilibrio se rompe siempre por el mismo lado. La cuerda, cada vez más tensa, amenaza con romperse definitivamente sobre quienes hacen posible el sistema.
La renuncia silenciosa de los profesionales del sector es ya un hecho patente. Los de mayor experiencia constatan que la cualificación adquirida no es debidamente reconocida por las sociedades de tasación, mientras que las nuevas incorporaciones presentan una rotación muy elevada. Debido a las presiones en plazos inasumibles que ejercen las entidades de crédito, las empresas tratan de incorporar cada vez a más profesionales para atender un volumen de trabajo similar, lo que acaba traduciéndose en una menor cuota de trabajo por profesional y, en consecuencia, en un menor rendimiento anual por tasador que agrava el problema. El sector, por este camino de honorarios a la baja y disparatadas presiones en los plazos, carece de un horizonte de viabilidad.
Una reivindicación justa, respaldada por datos
La obtención de un Acuerdo Marco Sectorial es una reivindicación justa respaldada por datos objetivos. No se trata de encarecer injustificadamente las tasaciones, sino de alinear los precios con los costes reales y garantizar condiciones dignas para quienes sustentan el sistema. Simplemente con un incremento de la remuneración de los tasadores equivalente a la comisión que venían percibiendo las entidades sería suficiente para duplicar y ajustar el coste actual del profesional. ¿Hasta cuándo seguirán los agentes principales del sector sin reconocer los problemas y mirando hacia otro lado?
Artículo de opinión escrito por Francisco Riaza, presidente de la Asociación Española de Tasadores Hipotecarios AETH
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