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Construir pensando en la seguridad de las personas

Tribuna
Construir pensando en la seguridad de las personas

Todos tenemos asumido que construir implica riesgos. Todos sabemos que el sector sigue estando entre los que concentran mayor número de accidentes laborales. Sin embargo, es la seguridad de las personas que trabajan en la construcción la que debería ser una realidad asumida. Debemos recordar que detrás de cada estadística hay una persona, una familia y una historia que quedó interrumpida. Por eso, cuando hablamos de avances en la construcción, no debemos pensar únicamente en tecnología, sino en cómo está tecnología puede proteger a quienes trabajan en la obra cada día.

Durante décadas hemos normalizado que construir implica riesgos, que la peligrosidad de subir a un andamio, manipular grandes cargas, trabajar durante horas en condiciones climatológicas adversas o solapar la actividad de distintos gremios al mismo tiempo es un gaje del oficio. La prevención de riesgos laborales ha puesto todo su esfuerzo en reducir ese peligro, pero muchas veces ha tenido que hacerlo sobre procesos que han sido inseguros desde su inicio. 

La buena noticia es que hoy existe otra forma de construir, un sistema que no se limita a cumplir la normativa, sino que parte de una premisa muy simple, pero tan obvia como relevante: cómo podemos evitar que el riesgo exista.

Mayor control, menos riesgos

La normativa de prevención de riesgos laborales es exactamente la misma en una construcción tradicional y en una industrializada. Las exigencias legales no cambian, lo que cambia es el contexto en el que se trabaja. En la construcción industrializada, gran parte del riesgo se elimina antes de llegar a la obra porque el edificio no se “fabrica” en el solar, sino que se ensambla a partir de elementos que vienen de fábrica, diseñados y producidos en un entorno controlado. 

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Cuando un panel de hormigón armado se fabrica en planta, se hace en condiciones de seguridad muy superiores a las de una obra tradicional: superficies estables, maquinaria específica, procesos estandarizados, supervisión constante y equipos formados. El trabajador no está expuesto a la improvisación ni a situaciones cambiantes, algo que se traduce en reducción del estrés, menos fatiga y, en consecuencia, menos posibilidades de error.

Aunque, en realidad, la mayor diferencia la encontramos cuando el panel llega a la obra. Donde antes había semanas de trabajo, distintos gremios, encofrados, vertidos, tiempos de fraguado y decenas de operarios, ahora hay una tarea controlada, clara, breve y perfectamente planificada. En menos de una hora, tres profesionales especializados dejan instalada una pared completa. Si hacemos una simple regla de tres, veremos que menos personas, expuestas en obra menos tiempo, es igual a menor riesgo. Es de cajón. 

Y es aún más evidente si tenemos en cuenta que la industrialización nos permite anticipar la seguridad. Cada elemento se diseña digitalmente antes de fabricarse: se controlan los pesos, los puntos de izado, los anclajes, los recorridos y las maniobras. Esto permite planificar la prevención con precisión milimétrica. El operario no improvisa, sino que ejecuta un proceso que domina porque tiene muy ensayado. 

Empleos cualificados para un trabajo más digno

Tampoco podemos olvidarnos de la calidad del trabajo. Siempre hemos asumido que el trabajo en la obra es algo muy duro, muy exigente físicamente, una profesión que desgasta la salud y pone en peligro la vida. La industrialización cambia radicalmente este escenario porque reduce el esfuerzo físico, mejora las condiciones de trabajo y profesionaliza los perfiles. Si aplicamos este sistema, construir puede ser un oficio seguro, cualificado y respetado. 

Llegados a este punto, creo que queda claro que la seguridad laboral en la obra no es solo una cuestión ética, aunque con eso ya sería suficiente, es también una cuestión de sostenibilidad social, cada accidente implica pérdidas humanas irreparables, conflictos, retrasos y sobrecostes. Por eso, invertir en sistemas constructivos que reducen la inestabilidad laboral es invertir en estabilidad, continuidad y futuro. 

En un momento en el que España necesita construir más de 600.000 viviendas en un corto plazo de tiempo, no podemos permitirnos un modelo laboral que siga poniendo en riesgos a quienes construyen esos hogares. La industrialización no es una moda pasajera ni una simple mejora productiva, es una oportunidad de mejorar las cosas y hacerlas desde el respeto a las personas. 

Estoy plenamente convencido de que el futuro del sector pasa por integrar seguridad, eficiencia y diseño en un mismo concepto. La prevención de riesgos laborales no puede ser un capítulo añadido al proyecto, sino la consecuencia natural de construir con respeto. Y si tenemos la tecnología para reducir el riesgo, tenemos la responsabilidad de utilizarla, es algo irrenunciable porque están en juego vidas humanas.

Construir viviendas no debería ir ligado a asumir riesgos innecesarios. Construir mejor es construir con cuidado y, sobre todo, construir pensando en el bienestar de quienes desarrollan este trabajo.

Artículo de opinión escrito por José Manuel Ruiz, CEO de La Casa de Hormigón

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