
El mercado inmobiliario siempre en el candelero, siempre reinventándose ante las diferentes situaciones económicas, sociales y políticas.
Durante la crisis del 2008, fueron muchas las promotoras y comercializadoras que desaparecieron al no poder afrontar el descenso de las ventas como consecuencia de una crisis financiera que arrastró con ella empresas de toda índole y cerró el grifo del endeudamiento. Como fruto de todo ello, un sinfín de esqueletos de edificios formaron parte del paisaje urbanístico de pueblos y ciudades en todo el territorio nacional. Los bancos malos fueron los encargados de reactivar el sector, convirtiéndose en promotoras y comercializadores que tuvieron que armarse de herramientas que les permitieran afrontar este reto.
Por otra parte, las promotoras y comercializadores cuya economía estaba saneada en el momento de la crisis, permanecieron con un perfil medio y sin duda el comprador tuvo que asumir que el endeudamiento, hasta ese momento normal desaparecería para siempre, siendo necesario aportar ahorro para adquirir una vivienda.
Todos hicieron los deberes y poco a poco fuimos viendo la luz, entraron los fondos, surgieron nuevas promotoras y el mercado se activó.
Pero fue sin duda durante el COVID19 cuando fuimos conscientes de la importancia de establecer procesos que nos ayudaran a ser más eficientes y por lo tanto, más competitivos.
Había llegado la hora de la digitalización. No poder salir de nuestras casas nos hizo comprender la importancia de teletrabajar y para ello había que actualizar sistemas, y así comprobamos que era posible firmar documentos sin salir de casa, trabajar en equipo a pesar de la distancia, informar debidamente a nuestros clientes, en definitiva, desarrollar las funciones del día a día desde nuestros hogares.
Pero no solo eso, también cambió el concepto de hogar y la importancia de contar con espacios exteriores en nuestras viviendas y habitación de trabajo. Esto provocó que mirásemos las afueras de nuestras ciudades con interés y el incremento en la venta de unifamiliares.
Este era el nuevo reto, los arquitectos adaptaron las viviendas a las nuevas necesidades, y las promotoras vieron la necesidad de invertir en aplicaciones que permitieran la profesionalización del sector inmobiliario.
Sin embargo, a fecha de hoy son muchas las promotoras que siguen viendo como gasto y no como inversión los ‘softwares’ que permiten no solo digitalizar los procesos de comercialización, sino también establecer sinergias con empresas relacionadas con la venta de viviendas y sus necesidades y fortalecer los equipos pudiendo, no solo compartir información, sino trabajar en la distancia.
Ha llegado el momento en el que la profesionalización marca la diferencia entre unas empresas y otras. Nos encontramos con un cliente que tiene acceso a información, que puede ser nacional o extranjero y con un nivel de exigencia que hace imprescindible ofrecer una respuesta rápida y aportar una documentación de calidad que le ayude a tomar la decisión de comprar en nuestra compañía y no en otra.
En el resto de Europa, nos llevan ventaja en temas de digitalización, siendo necesario todavía en España realizar una labor de evangelización, hasta que seamos conscientes de que aplicando la tecnología en los procesos de comercialización de la A a la Z, no sólo marcamos la diferencia, sino que ahorramos tiempo y dinero.
Si tuviera que indicar un área de mejora en muchas empresas de este sector, sin duda sería la de abrazar la tecnología para agilizar, modernizar, profesionalizar y marcar de este modo la diferencia. La mayoría de promotoras y comercializadoras operan a nivel nacional e incluso internacional y se hace del todo imprescindible mejorar los procesos de comunicación tanto interna entre trabajadores como externa con los compradores, así como agilizar y dinamizar los protocolos de venta.
No podemos seguir escuchando expresiones como: «siempre hemos vendido de un modo tradicional y aquí estamos» o «tenemos muy pocas promociones y no lo necesitamos» o «lo tenemos, pero no lo utilizamos porque preferimos hacerlo con papel y boli como siempre se ha hecho». Estas frases deben desaparecer y dar paso al futuro que ya es presente para muchos y que debe serlo para todos los que quieran permanecer en este nuevo mundo inmobiliario, que dice adiós a la época en la que todo valía para decir hola a una nueva imagen profesional, con proyectos ambiciosos, de calidad, y donde el comprador adquiere la importancia y el respeto que merece.
Artículo de opinión escrito por Sonia Bentué, experta en el sector inmobiliario y Country Manager de Unlatch España.




