
España debe actualizar el Código Técnico de la Edificación (CTE) para «evitar tragedias futuras». Desde su aprobación en 2006, han tenido lugar modificaciones «significativas», sobre todo a nivel ahorro de energía, «con revisiones en 2013 y 2019», pero no en materia de seguridad contra incendios.
Según Andrés Pedreira, director del Observatorio de Nuevos Riesgos de Incendio (OBS), estas actualizaciones «han sido menos frecuentes y no han abordado integralmente los desafíos actuales relacionados con la propagación del fuego en las fachadas de los edificios». La norma aún «permite el uso de materiales combustibles en fachadas y cámaras ventiladas de edificios de más de 18 metros de altura», alerta el profesional.
Algo similar ocurre en las Inspecciones Técnicas de Edificios (ITE), que no incluyen auditorías específicas sobre este tipo de riesgos en viviendas. Actualmente, «se centran en la estructura, conservación del edificio, sin evaluar el riesgo de incendio». La perspectiva es clave: detectaría vulnerabilidades en el uso de estos materiales en fachadas y sistemas de aislamiento.
Protocolos de revisión que evalúen los materiales y su comportamiento frente al fuego, o verificación de la existencia y la integridad de barreras cortafuegos y otros elementos de protección activa y pasiva. Con medidas así, las ITE «pasarían a ser una herramienta integral para garantizar no solo la conservación estructural, sino también la seguridad contra incendios de los inmuebles».
¿Por qué ha aumentado el número de incendios en fachadas de grandes edificios?
En los últimos 30 años, los incendios en fachadas de grandes edificios se han multiplicado por siete. Las causas, según el OBS, son el aumento de edificios de gran altura y alta ocupación, donde tareas como evacuación y extinción son más complejas, y la continua aparición de incendios en el interior de las viviendas asociados a la masiva electrificación de equipos y a la movilidad. Junto a la no-exigencia de reacción al fuego al mobiliario y los revestimientos, esto provoca que el incendio busque rápidamente la salida al exterior en busca de oxígeno a través del punto débil, la ventana.
Por otra parte, influyen los cambios en los sistemas constructivos y en los productos utilizados, puntualiza Pedreira. Hace 50 años, se construía mayoritariamente con materiales incombustibles, como ladrillo, mortero, hormigón o piedra. La construcción actual, sin embargo, utiliza a menudo materiales combustibles. Este nuevo escenario constructivo se traduce en nuevos riesgos, especialmente en la propagación en fachadas, como el aumento de la velocidad y el alcance de los incendios.
¿Qué tipos de edificios son los más vulnerables?
A la hora de actuar, hacen falta criterios, tanto a nivel rehabilitación como a nivel obra nueva. La no-priorización de los edificios con más riesgo es otra cuestión que critica el OBS: a diferencia de otras normativas europeas, España «no define específicamente» qué edificios requieren «especial atención regulatoria».
En este sentido, el listado del OBS parte de dos baremos básicos: la construcción y la ocupación misma del inmueble. Además de edificios de gran altura (+18 metros), de propagación más rápida y evacuación más compleja, y edificios con fachadas de difícil acceso para los bomberos (patios interiores de manzanas o patios de luces, que tienen un claro efecto chimenea), el observatorio se centra en hospitales y centros sanitarios, con personas vulnerables y movilidad reducida; centros educativos, con alta ocupación infantil y evacuación complicada, y hoteles y residencias de ancianos, con ocupantes no familiarizados con las salidas de emergencia o dificultades para evacuar los edificios.
Especial atención a la instalación fotovoltaica
En este contexto, la correcta instalación fotovoltaica es clave. «Con una correcta instalación y regulación, los beneficios de la energía solar pueden aprovecharse sin comprometer la seguridad contra incendios». Los riesgos más comunes son fallos eléctricos en el sistema fotovoltaico, dificultades de acceso para los equipos de bomberos o materiales combustibles en la propia instalación o en elementos próximos, lo que puede favorecer la propagación.
Para mitigar riesgos, «es esencial usar componentes certificados y resistentes al fuego, incorporar sistemas de desconexión rápida para facilitar la intervención de bomberos, evitar instalar paneles sobre cubiertas con materiales combustibles y diseñar zonas de seguridad para prevenir la propagación». De nuevo, Rumanía, en su reciente revisión, exigirá que los paneles solares cohabiten con productos de cubierta o fachada no combustibles.
«Desacople» entre sostenibilidad y seguridad
En comparación a otros objetivos, Pedreira asegura que se ha dado menos atención a la seguridad contra incendios. La normativa ha priorizado la eficiencia energética y la sostenibilidad, impulsando sistemas constructivos innovadores, pero «sin evaluar exhaustivamente su comportamiento frente al fuego». Así, la rápida evolución de materiales y tecnologías ha provocado que los documentos técnicos queden rezagados respecto a los estándares internacionales, agudizando la falta de criterios específicos.
Los siniestros recientes y la comparativa internacional evidencian la urgencia de incorporar este factor a la normativa. En plena «ola de rehabilitación energética en Europa«, la revisión resulta «especialmente urgente» por la popularización de los SATE, que «pueden favorecer la propagación», priorizando así la perspectiva de la eficiencia energética frente a la seguridad del propio activo.
Las directrices de la UE están claras: «sostenibilizar» el parque edificado a nivel energético, pero no a cualquier precio. Pedreira opina que el imprescindible avance ha llevado a un «desacople entre sostenibilidad y seguridad». Pero no son excluyentes. Triangular «es totalmente posible, pero requiere criterios equilibrados en la regulación».
Avances normativos
Aunque a finales de 2024, el Ministerio de Agenda Urbana y Movilidad (Mivau) inició los trámites administrativos para revisar el CTE, a día de hoy aún «no hay un calendario claro para su revisión». Tras incendios devastadores como el de la torre Grenfell en Londres (2017), distintos países han endurecido su normativa, pero «España sigue a la cola en Europa en esta materia».
Por ejemplo, a la hora de instalar sistemas de aislamiento térmico por el exterior (SATE) en edificios de gran altura, países como Francia, Alemania, Reino Unido o Bélgica exigen ya el uso de materiales no combustibles en la fachada. El último país en hacerlo ha sido Rumanía, aplicando la obligatoriedad en edificios de riesgo. Es cuestión de implicación: el país instala casi 30 millones de metros cuadrados de SATE al año, frente a los 5,5 millones de metros cuadrados que se instalan en nuestro mercado, y aun así ha optado por una regulación más estricta. «España debe seguir ese camino», insiste Pedreira.
Algunas propuestas autonómicas avanzan ya en esa dirección. La Proposición no de Ley aprobada en las Cortes Valencianas -con amplio respaldo político- insta al gobierno central a modificar el CTE para exigir materiales no combustibles en edificios de alto riesgo. La Comisión de Urbanismo del Ayuntamiento de Valencia reforzó la petición con una moción que reclama al ejecutivo situar la normativa española al nivel de los estándares europeos.
El objetivo no es otro que evitar tragedias como la ocurrida en Campanar (Valencia), donde la propagación se vio agravada por el uso de esta clase de materiales en la fachada.
Propuestas para mejorar la seguridad en fachadas
El ‘Manifiesto por una edificación más segura frente al fuego’, respaldado por 19 entidades de la edificación, la seguridad y la prevención, recoge propuestas concretas para mejorar la protección contra incendios en las fachadas de los edificios. «Reclamamos una actualización urgente del CTE para reforzar la protección contra incendios en las fachadas de los edificios».
En concreto, solicitan:
- Exigir la no combustibilidad de los componentes y sistemas empleados en los siguientes edificios:
- De gran altura (a partir de 18 m.)
- De lenta o difícil evacuación
- De alta ocupación
- Con fachadas de difícil acceso para los equipos de bomberos
- Introducir de forma explícita la definición de:
- Edificio de gran altura (EGA): aquel que supera los 18 m.
- Edificio de alto riesgo: incluirá los mencionados anteriormente por su altura, alta ocupación, dificultad de evacuación o fachadas difícilmente accesibles por bomberos
- En cualquier fachada ventilada, disponer de barreras cortafuegos horizontales y verticales.
- En el caso del SATE y en edificios no considerados de alto riesgo, colocar en la capa de aislamiento barreras no combustibles de 60 cm. en cada forjado.
¿Cómo es una fachada anti-incendios?
«Para minimizar los daños en caso de incendio, la fachada debe diseñarse con materiales que no contribuyan a la propagación». El objetivo es facilitar la labor de los equipos de emergencia, proporcionándoles tiempo adicional y mayor capacidad de reacción. «Redundará en la seguridad de los ocupantes y su eventual evacuación, y reducirá el impacto general del incendio en el edificio», asegura Pedreira.
Además, en la medida de lo posible, se debería contar con barreras cortafuego, tanto horizontales como verticales, para así sectorizar y evitar ‘socializar’ el incendio al resto de partes del edificio. Es decir, que «si un fuego se produce en una vivienda o en el exterior este no se propague, y que consigamos tener un incendio en un edificio, y no un edificio incendiado». Aunque suena similar, «es totalmente opuesto», matiza Pedreira.
¿Qué materiales son combustibles y cuáles no lo son? «No es momento de criminalizar a ningún producto ni tipología de material», pero Pedreira explica que «cualquier producto que en su proceso de validación para ser comercializado en Europa presenta una Euroclase que no sea A1 o A2, es considerado como combustible a efectos de propagación del fuego».
Por el contrario, los materiales no combustibles incluyen lanas minerales (lana de roca, lana de vidrio), paneles de fibrocemento, vidrios ignífugos y ciertos morteros especiales, que resisten el fuego y evitan su propagación.
¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías?
Las nuevas tecnologías pueden jugar un papel decisivo en la detección temprana, contención y extinción de incendios en edificios, especialmente en lo que respecta a la propagación por fachadas.
Una de las soluciones más eficaces es el uso de rociadores de agua automáticos, que han demostrado reducir significativamente el desarrollo de incendios al activarse de forma inmediata en las primeras fases del incendio. Estos sistemas, ampliamente utilizados en otros países, pueden ser fundamentales en edificios de gran altura o difícil evacuación, donde cada segundo cuenta.
Además, otras tecnologías emergentes están mejorando la seguridad contra incendios, como los sensores inteligentes, capaces de detectar cambios en temperatura, humo o gases tóxicos; los sistemas de extinción integrados en fachadas y cubiertas; o la inteligencia artificial aplicada a la gestión de emergencias, que permitirá detectar patrones de riesgo en tiempo real y optimizará la respuesta de los equipos de bomberos.
Concienciación al respecto
En España, la concienciación sobre los riesgos de incendio sigue siendo insuficiente. El tema «no ha recibido la misma atención que otros aspectos, como la sostenibilidad o la eficiencia energética». De cara al público generalista, el OBS propone campañas de concienciación sobre la importancia de los materiales y sistemas constructivos.
De cara al público profesional, el organismo propone incluir esta perspectiva en temarios formativos de arquitectura, ingeniería y construcción; mayor formación especializada para los profesionales del sector, incluyendo auditorías específicas en inspecciones técnicas de edificios (ITE), y promover la implicación de administraciones y organismos reguladores.
La eficiencia energética no puede lograrse a costa de la seguridad. España tiene la oportunidad de construir y rehabilitar edificios que protejan tanto el planeta como a quienes los habitan. La hoja de ruta está marcada, y esta es la única opción responsable.





