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Los beneficios de la industrialización en el proceso constructivo

Dos paneles de fachadas industrializadas de Spans siendo colocados en un bloque de viviendas en Valencia

El sector de la construcción se encuentra inmerso en una profunda transición marcada por una serie de nuevas corrientes como la digitalización, la eficiencia o la sostenibilidad. A la forma tradicional de construir, donde la mayoría de los procesos se realizan “in situ”, lo que se traduce en multitud de ineficiencias y sobrecostes, se antepone una nueva visión para dotar a la actividad de un mayor número de procesos industrializados, fabricando muchos de los elementos en planta y relegando a la propia obra únicamente las tareas de ensamblaje de componentes prefabricados. Y como elemento esencial de cualquier obra, el hormigón no es una excepción.

La industrialización en el sector de la construcción es, tal y como indica el Global Outlook de KPMG para el año 2019, una tendencia en alza. ¿Pero cuáles son los motivos? ¿Qué beneficios hay detrás de este nuevo planteamiento?

El uso de prefabricados supone un paso adelante en numerosos aspectos del proceso constructivo. Por ejemplo, en términos de eficiencia. En el mundo de la construcción este valor engloba distintos condicionantes que son decisivos para acometer cualquier proyecto: la rapidez en la ejecución, el control de plazos y la organización del trabajo, el control de costes y la rentabilidad del proyecto.

En referencia a los tiempos de ejecución, la construcción industrializada permite, por ejemplo, realizar diferentes trabajos de manera simultánea en planta, al contrario que en la construcción tradicional, donde han de ser secuenciados, lo que aumenta el plazo de las obras. Además, ofrece periodos de desarrollo mucho más predecibles, ya que los procesos de construcción con prefabricados son mucho menos vulnerables a posibles retrasos por eventos climáticos o circunstancias extraordinarias que exijan protocolos y procesos especiales.

Centrándonos en el control de costes y la rentabilidad, tal y como apunta VIVIALT, la asociación de empresas del sector de la industria del prefabricado centrada en construcciones en altura, las posibles desviaciones que se puedan producir entre el coste final y el presupuesto son significativamente menores que en el caso de los sistemas de construcción “in situ”.

En relación con la organización del trabajo, el mayor control y organización entre fabricantes, arquitectos e ingenieros a lo largo de todas las fases del proyecto tiene una repercusión directa en una labor más eficiente y, sobre todo, más barata. Cuestiones como los desplazamientos, la heterogeneidad de estructuras a abordar o las inclemencias climatológicas, que suponen una dilación común en los proyectos de construcción, se ven reducidas o directamente eliminadas en los procesos industrializados aumentando la productividad unitaria del factor trabajo hasta 6-7 horas-hombre/m2 frente a 25-30 horas de la construcción convencional*.

Y no hay que olvidar las ventajas económicas que conlleva contar con una mayor rapidez en la ejecución de las obras, pudiendo recuperar mucho antes las inversiones realizadas y, en el caso de existencia de algún tipo de créditos, realizar una más rápida devolución, reduciendo los intereses generados.

Pero a los beneficios en términos de eficiencia hay que añadir además otro tipo de ventajas de los prefabricados de hormigón, en este caso relacionadas con la calidad de la obra.

Tal y como indica ANDECE, patronal del sector, la industrialización del proceso de construcción supone, al igual que ocurre en otros sectores, la posibilidad de implementar las nuevas tecnologías derivadas de la digitalización, como la automatización o, en el caso concreto del sector de la construcción, la plataforma BIM que integra a todos los agentes que intervienen en el proceso de edificación, impulsando un mayor flujo de comunicación entre ellos y generando además un modelo virtual que contiene toda la información relacionada con el edificio durante su ciclo de vida. Estas nuevas herramientas permiten una consistente mejora en los pasos de verificación y control de obra, lo que redunda en una mayor calidad de materiales y componentes.

En lo que se refiere a los propios materiales, en este caso al hormigón, los procesos de producción prefabricados utilizan uno de calidad superior a los tradicionales, pudiéndose certificar según la norma UNE 127050. Además, los elementos prefabricados se producen y almacenan en instalaciones aisladas de inclemencias ambientales, lo que evita cualquier tipo de daño relacionado, por ejemplo, con la humedad, que favorece la durabilidad de los diferentes elementos y reduce cualquier tipo de imperfección.

Incluso yendo más allá de la propia actividad del sector, a las externalidades intrínsecas del propio proceso constructivo, los prefabricados producen un menor impacto tanto medioambiental como laboral y social.

En referencia a la sostenibilidad del proceso constructivo, Structuralia, una de las escuelas referentes en edificación, enumera una serie de factores por los que la prefabricación incide positivamente en el medio ambiente. En primer lugar, debido al mayor control que se puede realizar en planta de materiales y recursos, los procesos industrializados minimizan el posible uso inadecuado de materias primas y, por ende, reducen la generación de residuos. La durabilidad, por otro lado, una de las características más reconocidas de los prefabricados de hormigón, garantiza una vida útil superior de los edificios construidos “in situ” y reduce igualmente la necesidad de extraer recursos “extra” necesarios para realizar nuevas construcciones.

Por otro lado, la disminución de los plazos de ejecución y un mayor control en los procesos productivos supone una reducción tanto en el consumo de energía como de agua (el montaje en seco evita el curado del hormigón o la limpieza de cubas y útiles) respecto de la ejecución “in situ”, además de menor perturbación en las zonas cercanas durante la obra.

Incluso al final de la vida útil de los edificios, los prefabricados suponen una ventaja en términos de sostenibilidad. Los elementos prefabricados pueden diseñarse para el desmontaje y reutilización futura de manera conjunta o incluso parcialmente en otra obra.

En conclusión, son infinitas las ventajas de los procesos industrializados y dispondrán de mayor presencia en el sector inmobiliario del futuro.

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