
La vivienda continúa siendo el principal pilar de la riqueza de las familias españolas, pero su evolución en la última década no ha sido igual para todos. Mientras los hogares con menos recursos han reducido su peso relativo en este activo, el 10% más rico ha reforzado su posición hasta superar los 2,5 billones de euros en patrimonio inmobiliario.
Según los últimos datos del Banco de España, la riqueza en vivienda del conjunto de los hogares más acomodados alcanza en concreto los 2,6 billones de euros. Este crecimiento contrasta con la pérdida registrada entre las familias menos ricas, en un contexto de cambios silenciosos que no alteran, a primera vista, la distribución global de la riqueza.
La vivienda se concentra cada vez más en los hogares con mayor patrimonio
La proporción de riqueza en vivienda dentro del 10% de hogares más ricos ha aumentado de forma clara en la última década. En concreto, ha pasado del 37,4% en 2014 al 41,8% en el segundo trimestre de 2025, consolidando el peso del ladrillo en los patrimonios más elevados. En sentido contrario, los hogares con menos riqueza han visto reducirse la importancia de la vivienda en su balance. En este grupo, la proporción ha caído del 18% en 2014 al 12,5% en el mismo periodo, reflejando una pérdida relativa de activos inmobiliarios.
El Banco de España explica que este cambio se produce en paralelo a una reducción significativa de la deuda entre los hogares menos ricos. La caída se concentra especialmente en las hipotecas, cuya proporción baja del 57,6% al 34,1%, frente a un descenso más moderado en otros tipos de deuda.
Pese a estas diferencias, los propietarios y copropietarios siguen concentrando la inmensa mayoría de la riqueza neta total. A cierre del segundo trimestre de 2025, este grupo acumula el 93,5% del total, mientras que quienes viven de alquiler o disfrutan de una vivienda gratuita reúnen apenas el 6,5%.
Una nueva estadística para entender mejor cómo se reparte la riqueza
En términos generales, la distribución de la riqueza neta de los hogares se ha mantenido bastante estable desde finales de 2014. Sin embargo, el propio Banco de España advierte de que esta aparente estabilidad «esconde importantes cambios por componentes», tanto en activos como en pasivos.
Las cifras muestran que la deuda total ha perdido peso entre el 50% menos rico, al pasar del 53% al 33,8%. Por el contrario, en el 10% más rico la deuda aumenta del 17,1% al 21,6%, en un movimiento que compensa en buena medida el crecimiento de sus activos. Estos ajustes cruzados explican por qué la fotografía global apenas se mueve. Los cambios en deuda y vivienda se equilibran, manteniendo estable la distribución total de la riqueza neta, aunque con diferencias cada vez más marcadas entre grupos.



