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El BCE resucita la creación de un ‘banco malo’ europeo

El organismo supervisor está preocupado por el avance de la morosidad; los préstamos dudosos en los bancos de la zona del euro podrían alcanzar los 1,4 billones de euros, según sus estimaciones.

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El Banco Central Europeo (BCE) ha defendido la necesidad de crear un ‘banco malo’ en la Unión Europea para asumir los activos dudosos durante la crisis económica derivada de la pandemia, una tesis que surgió con la crisis financiera e inmobiliaria de 2008. Entonces, la posible creación de este vehículo de canalización para su venta de los activos tóxicos, fue defendida por el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet y en Estados Unidos por su presidente, Barack Obama.

En concreto, el presidente del Consejo de supervisión del organismo, Andrea Enria, en una conferencia sobre regulación bancaria en Fráncfort, ha defendido la creación de una red de entidades de gestión de activos o ‘bancos malos‘ con el fin de atajar de manera ‘más ágil y eficiente’ el previsible aumento de morosidad y activos dudosos.

El directivo ha asegurado que la experiencia en la crisis financiera de 2008 demuestra que “cuando se utilizaron empresas de gestión de activos“, los balances bancarios se sanearon más rápidamente, recuperando su capacidad para conceder préstamos. 

Hay que recordar que finalmente, solo España, Irlanda y Alemania crearon bancos malos respaldados por el Estado después de la crisis financiera de 2008 para hacer frente a los aumentos repentinos de la deuda bancaria tóxica. La propia Unión Europea restringió entonces la opción de crear sociedades de gestión de activos de la banca por parte de los gobiernos, a menos que sea la propia UE quien los promueva como parte de una resolución oficial. En España, la Sareb aún sigue drenando la cartera procedente de los bancos españoles.

Activos por encima del billón

El BCE estima que, “en un escenario grave pero plausible”, los activos improductivos de los bancos de la zona euro podrían alcanzar los 1,4 billones de euros, “muy por encima de los niveles de las crisis financiera y de deuda soberana de la UE de 2008 y 2011”. Así, el banquero italiano ha advertido de que, aunque la estabilidad financiera se ha mantenido hasta ahora, las consecuencias de la pandemia aún no han aparecido en los balances de los bancos.

El BCE señala al respecto que este organismo permitiría ser “más eficaces y rápidos” en el tratamiento de los impagos, sin que los bancos se vean abrumados por los préstamos dudosos“. El Banco de España ya ha alertado de que la crisis tendrá un impacto negativo sobre la calidad de la cartera crediticia de las entidades, cuya magnitud dependerá de su duración y severidad.

Pasos a seguir

El banquero italiano ha señalado la importancia de “anclar firmemente a nivel europeo” los elementos relacionados con la financiación y los precios. Así, los recursos proporcionados o garantizados por un organismo europeo permitirían a cada ‘banco malo’ nacional beneficiarse de la posición crediticia de la UE y disfrutar de un mejor acceso al mercado.

En este sentido, ha reconocido que los recursos financieros comunes requerirían de metodologías y datos de valoración debidamente estandarizados y verificados para determinar el precio de transferencia de los activos, añadiendo que el bajo coste de financiación y una metodología de valoración común cuidadosamente diseñada y verificada “deberían garantizar el equilibrio adecuado entre las pérdidas impuestas a los bancos por la transferencia de los préstamos dudosos y la rentabilidad a medio plazo del plan de rescate de activos”.

Asimismo, la propuesta del presidente del MUS apunta a que el acceso directo a dicho esquema debe limitarse a aquellos bancos que, en opinión del supervisor, tienen un modelo de negocio viable, que les permita prosperar como entidades independientes cuando la crisis haya terminado, mientras que para otros bancos la participación debe basarse en una condicionalidad estricta, incluidas medidas de reestructuración sustanciales.

Por último, Enria ha defendido la posibilidad de diseñar un marco que limite o incluso evite cualquier mutualización de las pérdidas crediticias en la UE, ya que las pérdidas podrían asignarse de acuerdo con la nacionalidad de los bancos originarios y el esquema nacional correspondiente.

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